La selección española sub-17 perdió la final del Europeo de la categoría ante Inglaterra. - La Nación Digital

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lunes, 31 de mayo de 2010

La selección española sub-17 perdió la final del Europeo de la categoría ante Inglaterra.

La vida es un compendio de alegrías y tristezas, un tobogán con constantes subidas y bajadas. Es así, la vida. Una montaña rusa que se hace más pronunciada en plena adolescencia, cuando se pasa de niño a hombre. Es difícil entender esto a esas edades. Prácticamente es imposible.

Ayer, 18 chavales españoles de nuestras calles, de nuestros parques, de nuestros pueblos, recibieron la doctrina de manera tan elocuente como directa. Se puede ser el mejor en algo y no triunfar. Se pueden intentar las cosas y no conseguirlas. Se puede llorar en vez de reír. Esto es así, por si no lo sabían, y los únicos que llegan a comprenderlo son aquellos que se esfuerzan por superarlo. España lo hará. Sí, porque jugó mejor al fútbol que Inglaterra y perdió una final que debió ser suya. Dos disparos a los postes, el control casi total del juego y un claro penalti que se fue al limbo es sólo la tarjeta de presentación de un encuentro desnivelado por el mayor poderío físico inglés.

Si sirve para algo este torneo es para confirmar que hay ilusión, talento y trabajo en la base del fútbol español, lo cual repercutirá, no dentro de mucho, en la Selección absoluta. Una estupenda noticia y un argumento de sobra para dejar el futuro en manos de estos jugadores que ayer, sin embargo, saborearon el amargor de la derrota. Una de esas joyas es Gerard Deulofeu, un año menor que el resto. El extremo del Barça volvió locos a sus rivales desde el arranque del partido y puso por delante a La Rojita con un centro envenenado tras un córner. Poco antes, un magistral saque de falta de Campaña lo había mandado un defensa inglés a su propia escuadra.

Mucha igualdad.
Fue el mejor arranque posible para una película que, sin embargo, prometía mucha más emoción. Las cosas estaban funcionando de maravilla y Ortí pudo hacer el segundo en un remate con el interior. Hubiese sido todo demasiado precioso.

Pero Inglaterra también tenía cosas que decir y cuando lo hizo atronó con fuerza. Primero Wisdom, al rematar un córner, y poco después del descanso Wickham, magnífico en el manejo del juego que le permite su corpulencia, tumbaron a los de Ginés por arrollamiento.

Fueron los dos únicos despistes de un equipo que posteriormente se lanzó a por el empate con el estilo de toque que le caracteriza. En una de esas combinaciones, Jesé fue zancadilleado dentro del área, pero el árbitro no lo vio. El propio jugador canario gozó de un par de buenas ocasiones para empatar, aunque la más clara fue un rebote que se estrelló en el palo a diez minutos del final. Estaba claro. No era el día. Pero habrá más oportunidades. Y muchos de los ayer perdedores saldrán triunfantes y victoriosos. Como en un tobogán. Como en la vida misma.



Fuente: AS (www.as.com)

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