Rojo y negro. - La Nación Digital

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lunes, 6 de diciembre de 2010

Rojo y negro.

“Rojo y negro” fue estrenada en 1942. Su director, el falangista Carlos Arévalo, plasmó la defensa de sus ideales a lo largo de toda la película.
La historia se centra en dos personajes principales: Luisa y Miguel.
Ambos se conocen donde niños, hecho que se muestra cuando ambos asisten a la partida de los legionarios en su ciudad para luchar en la Guerra de Marruecos. Pese a su amistad, discrepan cuando leen los panfletos que unos socialistas andan lanzando a todos aquellos que están presenciando la marcha de los legionarios. En los panfletos se incita a los soldados a que se rebelen contra sus jefes, diciendo Miguel que su padre apoya eso, que los soldados no tienen que morir por los ricos; mientras que Luisa le recrimina que si mataran a alguien de su familia o a ella él tendría que vengarle, por eso los soldados tienen que vengar a sus camaradas caídos. Al lado de ellos se encuentran una mujer mayor llorando por su hijo legionario muerto y un ricachón bien vestido rodeados de personas que discrepan acerca de la guerra.
El tiempo pasa y los sucesos políticos transcurren en España vertiginosamente. Luisa y Miguel son novios, pero simpatizan con tendencias políticas totalmente opuestas: ella es militante de Falange Española y él del Partido Comunista de España.
Luisa está esperando a Miguel, cuando una pareja con la que habían quedado se la encuentra sola y ella decide ir a la cafetería con ellos. Allí decide esconder el pin del yugo y las flechas en el bolso, por temor a la reacción de Miguel. Pero cuando uno de sus acompañantes le dice a Luisa que llevar esos símbolos es una imprudencia, ella responde: “Lo que me admira es que no os canséis alguna vez de ser prudentes en vista de que hay tantos que no se cansan de ser canallas”. En ese momento, se oye un disparo en la calle, y cuando entran unos individuos corriendo en la cafetería, Luisa dice desafiante a sus acompañantes: “¿Qué, hay que seguir siendo prudentes, no?”.
Miguel aparece, se acerca a la mesa y, cuando le preguntan acerca de los disparos, dice que “habrá sido algún señorito que se creería que iba de juerga o alguno de esos que iba vendiendo periódicos” (sin duda, se refiere a los muchachos jóvenes de la Falange que eran disparados por la espalda por todos aquellos “demócratas” del Frente Popular).
Miguel convence a Luisa para salir a dar un paseo, y ella le reprende diciendo que no había ido a trabajar. Miguel se justifica diciendo que estaba encargado con la propaganda de su partido, señalando Luisa despectivamente a unos carteles del PCE donde aparece escrito “Abajo la pena de muerte”. En una actitud muy propia de los comunistas, Miguel dice que “hay que barrer mucha gentuza”, arrancando un cartel de Falange Española donde aparecen escritos los nombres de José Antonio Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda, Raimundo Fernández Cuesta y Rafael Sánchez Mazas. Después, cuando encuentra el pin de su novia, Miguel la acusa de “haberse dejado convencer”, diciendo cosas como que “el fascismo es la muerte de la libertad y la cultura”. Luisa no se deja amilanar y le reprocha que él es el equivocado, preguntándole si sería capaz de matar a alguien como hacen los simpatizantes de la izquierda y advirtiéndole de que ya se daría cuenta de lo que pasaba.
Entre tanto, la izquierda se radicaliza y se produce la quema masiva de conventos e iglesias, a la vez que la violencia se traslada al Parlamento, donde la izquierda se sabe triunfante y la derecha se ve incapaz de hacer frente a sus enemigos. Finalmente, estalla la Guerra Civil.
Luisa vive en Madrid con su madre (quien la dice que “a los de Falange es a quien más persiguen”) y lleva tiempo sin saber nada de Miguel, que al parecer está de miliciano combatiendo en la sierra de Madrid. Una noche, Julio, uno de sus camaradas falangistas, acude a su casa para decirle que ha perdido el contacto con su gente, que no puede regresar a su casa y que allí tiene una pistola escondida. Luisa le dice que ella misma irá a su casa a buscar la pistola y que se esconda en la buhardilla de su bloque de piso.
Encargan a la criada que vaya a pedir la llave de la buhardilla a la portera, quien se presenta en casa de Luisa. A la portera la temen por que es una declarada simpatizante de la izquierda (la portera acusa de los males de la guerra “a algunos que deberían estar colgados”), por eso ordenan a Julio que se esconda en una habitación.
Luisa decide ir a ver a la madre de Julio para informarle acerca de su situación y sacar la pistola de su casa. Cuando llega al bloque de pisos donde vive, pregunta al portero por unos vecinos de izquierdas de el piso de al lado.
Hablando con la madre de Julio se entera de que han detenido a otro falangista llamado Pablo. Luisa decide llevarse la pistola, preguntando además por los milicianos que se habían llevado al otro falangista.
A pesar del peligro que supone, Luisa se arriesga y se acerca a la checa donde habían llevado detenido a su camarada. Era una iglesia convertida en cárcel por los frentepopulistas, quienes además habían retirado el crucifijo sustituyéndolo por la hoz y el martillo.
En la checa pregunta a los milicianos por Antonio Jiménez, diciendo que es un compañero con el que había quedado. Luisa se gana la confianza de los milicianos y consigue que la dejen entrar a ver a los presos, donde ve a su conocido de la Falange, a quien un miliciano define como “un fascista de los gordos que hasta lleva pistola”.
Sin embargo, el líder de los milicianos desconfía de ella, sospecha que se agrava cuando la descubre el crucifijo que lleva al cuello, que ella excusa como un regalo de su madre. El miliciano afirma que él se lo hubiera quitado desde que hubiera tenido uso de razón. La pregunta donde vive, ella dice que en Fuencarral.
Cuando marcha para su casa, a Luisa la sigue un miliciano, que descubre que les ha mentido. Aquella misma noche, los milicianos visitan la casa de Luisa, que registran de arriba a abajo. Encuentran estampas religiosas y misales. Pero cuando ven el recibo de la Falange, se la llevan detenida sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo.
Los milicianos la encierran en una celda a ella sola. A mitad de la noche, será violada por un miliciano ebrio y ofendido por el engaño que ella les había hecho horas antes.
Luisa será transportada a la checa de Fomento, donde se hayan encerrados muchos detractores del gobierno frentepopulista. En las diferentes habitaciones se agolpan hombres y mujeres, algunos por ser falangistas (en una habitación aparece un joven falangista diciendo a su juez que por cada uno de los suyos que muera saldrán cien) y otros por simpatizar con las derechas (en otra habitación, un hombre tartamudea ante la acusación de haber votado a las derechas, mientras que otro dice a los demás con los que está encerrado que ser de Acción Popular no es delito).
Ante la imposibilidad de poder contactar con su hija (un miliciano tan solo le deja escribir una carta) la madre de Luisa decide ir a ver a Miguel para que interceda por ella. Antes, Miguel había aparecido en la checa de Fomento, mostrándose algo reacio a la orgía de sangre realizada por el Frente Popular, para terminar respondiendo afirmativamente a la acusación de que “todo fascista, hombre o mujer, debe morir”.
Miguel acude rápidamente a la checa, donde tras no encontrar a Luisa, le dice que seguramente la hayan llevado a la pradera a fusilarla. Conduciendo lo más deprisa que puede, únicamente puede llegar para presenciar la siniestra escena de los cadáveres tirados en mitad del prado, entre ellos el de Luisa. Desconsolado, Miguel se marcha de allí recordando las reivindicaciones de los anarquistas y el Frente Popular contra la pena de muerte. Cuando se encuentra con un coche de la CNT anarquista, comienza a dispararles lleno de rabia, siendo acribillado a tiros por los anarquistas.
Antes que nada, hay que decir que esta película fue retirada por el propio régimen franquista, a quien no gustó que se vertieran críticas hacia la derecha burguesa y conservadora. Estás críticas se pueden ver en el ricachón que da vivas al Ejército al comienzo de la película, en la actitud pasiva y cobarde de los políticos y simpatizantes de la derecha frente a las provocaciones y ataques de la izquierda y en el tartamudeo del interrogado que no responde a la acusación de su apoyo a las derechas, actitud que contrasta radicalmente con la del falangista que afirma que “por cada uno de los suyos que maten se levantarán cien”.
Otro hecho que no gustó a las jerarquías conservadoras fue que el papel de protagonista fuera para una mujer. Luisa, al contrario que en otros papeles femeninos del cine de aquella época, no es una mujer sumisa, obediente y que vive por y para el marido (tal y como dicen los “progres” que era el cine del franquismo), sino una mujer valiente, que tiene ideales y los defiende, sin que en ningún momento pierda su feminidad, como demuestra en la escena de la cafetería o cuando engaña a los milicianos. Aunque más que a los conservadores, el que una mujer fuera falangista y se comportara así (al parecer, el personaje de Luisa está basado en una mujer falangista real) sorprende más a los que se consideran progresistas, quienes andan difundiendo la mentira de que la Falange “obligaba a la mujer a estar en su casa fregando y teniendo un hijo tras otro por que consideraba que la mujer era inferior al hombre”.
La última observación que quiero hacer es la actitud de Miguel a lo largo de la película. Primero, es un comunista convencido, que se dedica a “repartir propaganda”. Después, se muestra crítico con los actos de su gente, para terminar arrepintiéndose de sus palabras (el haber dicho “si” a lo de que “todo fascista, hombre o mujer tiene que morir”). Al final, Miguel descubre el engaño y la hipocresía de la izquierda y los anarquistas, quienes son unos sanguinarios pesen a haber hecho una campaña electoral que llevaba la abolición de la pena de muerte entre sus puntos.
Junto con la de “Raza”, son las únicas películas del cine de aquella época que he visto, pero admito que “Rojo y negro” me ha gustado mucho más, no por los contenidos falangistas que emanan de la película, sino por que los personajes (especialmente la protagonista) son muchos más reales que los de “Raza”, donde, en mi opinión, había una excesiva idealización de los protagonistas (algo normal por otro lado, ya que el guión al parecer fue escrito por el propio Franco y la película no deja de ser una visión nacionalcatólica de la Guerra Civil).

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