Los jovenes españoles son los últimos de Europa en competitividad e innovación. - La Nación Digital

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miércoles, 6 de octubre de 2010

Los jovenes españoles son los últimos de Europa en competitividad e innovación.

A principios del siglo XX, España fue capaz de «producir» su primer Premio Nobel: Santiago Ramón y Cajal, Premio de Fisiología y Medicina 1906. Pese a ese importante antecedente de innovación científica, nuestra sociedad en su conjunto no ha logrado en todos estos años volver a repetir la fórmula del éxito. Un informe de la Fundación Cotec, presentado ayer, revela que algunos factores culturales presentes en el tejido social y sobre todo en nuestros jóvenes no son los más apropiados para revertir los deficientes niveles de competitividad e innovación tecnológica que sufre nuestro país.
En una comparativa con los países de la Europa de los 15, el estudio, denominado «La cultura de la innovación de los jóvenes españoles en el marco europeo», demuestra que las mayores tasas de innovación —medidas por el número de patentes por millón de habitantes registradas en las tres oficinas de patentes más importantes del mundo (Estados Unidos, la Unión Europea y Japón)—, están íntimamente relacionadas con una serie de valores y virtudes que ha logrado atesorar la sociedad, como son el cultivo de la inteligencia, la confianza en uno mismo, la ecuanimidad en el trato con los demás, una reducida aversión al riesgo, un desarrollo importante del espíritu cívico y una gran amplitud de horizontes vitales.
A la cola de la innovación
Teniendo en cuenta estos rasgos culturales , cuyos datos han sido obtenidos de varios Eurobarómetros y encuestas realizados en el último lustro en la eurozona, España está a la cola en la capacidad de innovación, una posición que comparte con otros países mediterráneos como Grecia e Italia, y en el que también se incluye Portugal. Los más innovadores siguen siendo los del norte de Europa (Suecia, Países Bajos), seguidos por los países del centro de Europa como Francia, Reino Unido o Bélgica.
Entre los 59 indicadores culturales estudiados, la investigación revela, por ejemplo, que la cultura de la innovación se dispara a medida que aumenta entre los jóvenes de entre 15 y 29 años los hábitos de lectura, el tiempo dedicado al estudio, la puntuación que obtienen en el test de Matemáticas de PISA e incluso la práctica de alguna actividad artística, como cantar, tocar un instrumento o escribir textos literarios. «Cabe suponer que la actividad artística implica el cultivo del hábito de hacer las cosas bien, desinteresadamente, “por amor al arte”; y la diferencia es que esto se acomoda bien al espíritu de innovación», explicó Víctor Pérez-Díaz, doctor en Sociología por la Universidad de Harvard y uno de los expertos involucrados en este estudio. Según Pérez Díaz, «aprender a ser virtuoso y creativo, por alguna razón noble y como tal más elevada que el simple poder, la riqueza o la vanagloria» es un componente central en la cultura de la innovación.
Revalorizar la FP
La Formación Profesional es otra de las piedras de toque de este informe, al subrayar que este ciclo formativo necesita ser revalorizado por su papel fundamental en una economía innovadora y competitiva. «Se trata de que haya no sólo un núcleo de protagonistas creadores, que inician nuevos caminos, sino también un entorno de técnicos de apoyo y de “adaptadores” de aquellas innovaciones. La innovación no se hace por genios de titulación superior. En muchos casos se trata de gente con oficio que saben cómo funcionan las cosas. Ahí es necesario introducir un diálogo, esa comunicación entre unos y otros que no hay», apuntó Pérez Díaz.
Un "síndrome cultural".
Los últimos treinta años de economía de mercado, de vida democrática y de expansión del sistema de enseñanza, «no parece haber mejorado sustancialmente la cultura de la innovación de los españoles», apunta el estudio. El hallazgo de este «síndrome cultural» plantea nuevos retos para mejorar el sistema nacional de innovación, señaló, por su parte, Juan Carlos Rodríguez, investigador y analista socio-político del gabinete de estudio de Cotec.
«No basta con dotarse de los recursos económicos y las instituciones adecuadas, sino que es necesario preocuparse por la calidad de las instituciones y la cultura subyacente», apuntan las conclusiones del informe. Además, subraya la necesidad de centrar la atención en «los procesos de socialización, a través de los cuales se adquieren las virtudes morales adecuadas, es decir, la vida familiar y el sistema de enseñanza, pero también en los medios de comunicación, así como en la conducta de los líderes políticos y económicos».
Reduce la distancia con un poder político partidista en el que la ciudadanía tiene escasa influencia, o un sistema judicial precibido como remoto.
Implica el cultivo del hábito de hacer las cosas cosas bien, desinteresadamente, «Por amor al arte»; y esto se acomoda bien con el espíritu de la innovación.



Fuente: ABC (www.abc.es)

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