La historia de siempre: se adelanta el Atlético de Madrid, pero gana el Real. - La Nación Digital

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sábado, 26 de noviembre de 2011

La historia de siempre: se adelanta el Atlético de Madrid, pero gana el Real.

La generación de quienes no han visto ganar un derbi al Atlético cursa ya la ESO, hecho que retrata bien cómo han crecido las diferencias en la ciudad. Ahora resultan abismales, aunque no lo pareciera esta noche durante un tiempo. El Atlético tuvo un arranque dignísimo y valiente, pero luego se vio con diez y recorrió el calvario desde la dureza extrema hasta el desánimo total. El centro de su defensa fue el centro de su desgracia. Y por donde el Madrid vio el hueco para mantener su imagen de equipo feroz.

En cualquier caso, hubo derbi a la antigua usanza, con un gran Atlético al comienzo, el partido bronco y feo que Manzano había puesto en el trailer del choque después y el final de siempre, con el Madrid desbocado y vencedor. Pero el equipo de Mourinho anduvo desfigurado y descompuesto hasta que se encontró el empate y la superioridad numérica, tras penalti y expulsión (claros lo uno y lo otro) de Courtois. Sobrevivió a su lado oscuro y mató luego al vecino.

El festival de Adrián

En cualquier caso, no estuvimos ante el día de la marmota, ese que convierte al Madrid en insuperable derbi tras derbi. Manzano partió sin el abrigo del trivote y quedó libre de sospecha, y el Atlético resultó un equipo organizado pero también audaz, rematado por un delantero en explosión, Adrián. Ningún 'nueve' ha desactivado a Ramos y Pepe tanto como él en lo que va de curso. Aguantó, arrancó, amagó y abrochó el 0-1 en una jugada en la que siempre llevo él la voz cantante.

Pero no sólo llegó el soberbio asturiano. El Atlético le puso acompañamiento a su talento, con los estirones de Perea, la sutileza de Arda y algún brochazo de Diego, que hizo horas extras cerrándole la salida a Xabi Alonso. La contramedida del Madrid le llevó a la imperfección de los comienzos de la era Mourinho, a la tentación del juego directo, de saltarse cuatro estaciones. Eso le volvió impreciso y previsible durante un tiempo. Marcelo se equivocó demasiado, Di María se perdió en gestos, Cristiano extravió la solidaridad, Özil no ejerció la autoridad.

El penalti

En aquel escenario actuaba con más soltura el Atlético hasta que se cruzó un gato negro en su camino. Abundan en los derbis y casi todos pasan ante sus barbas. El Madrid encadenó una buena tanda de muletazos cortos que pusieron a Benzema ante Courtois. El belga se lo llevó por delante. El Madrid empató y el Atlético se quedó con diez. Y entre esos diez ya no estaba Diego. Una renuncia excesiva, pese al contratiempo.

Entonces sí emergió un Atlético blindado y áspero, liderado por Gabi, que se protegió sin contemplaciones a uno y otro lado de la ley, con menos salidas de Adrián, aunque todas con buena dirección. Aquel vigor heroico no le duró demasiado. Prontó le faltó el oxígeno y el partido pasó a ser del Madrid, primero en la pelea cuerpo a cuerpo. Luego con la claridad que se temían los atléticos más deprimidos.

El Madrid se desbocó

La segunda parte se le hizo tan larga al Atlético como lo que va de siglo. Ya no fue capaz de silenciar a Xabi Alonso, se sintió desfondado ante el empuje físico del Madrid, perdió de vista a Adrian, el clavo ardiendo, y encajó demasiado pronto el segundo gol, en una jugada que inició con un gran pase Özil, que pareció ponerse imposible con un pase retrasado al vacío de Cristiano y que acabó con un remate certero de Di María, el que pasaba por allí.

El Atlético está acostumbrado a cosas así y a otras peores, como la pifia de Godín que empaquetó el 3-1. El uruguayo dejó botar y botar un pase largo y sin destinatario de Marcelo hasta que el combatiente Higuaín, recién llegado, le limpió la pelota y la puso en la red con la frialdad del asesino. Esta vez no fue Perea quien volvió al lugar del crimen. El uruguayo no acabó el partido, tras cometer otro penalti sin discusión sobre Higuaín, aprovechado por Cristiano.

Sin esperanza, la resistencia atlética se fue debilitando. También el hambre del Madrid, lo que evitó que se disparase el marcador hasta rondar la masacre anunciada. Pero, con menos sangre, el final fue el de siempre.



Fuente: AS (www.as.com)

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