Ser falangista joseantoniano equivale a ser falangista auténticamente falangista. Decirse falangista ramirista es la misma contradicción que titularse falangista fascista o falangista socialista”. (Ética y estilo falangistas, “A modo de explicación”).
Antes que nada, aviso de que este artículo (dividido en dos partes para facilitar su lectura) es uno más de la larga lista existente acerca del eterno debate ideológico sobre qué es lo falangista y qué no lo es. En ningún momento tengo intención de entrar en la disputa sobre quién fue el responsable de la ruptura entre los falangistas y los jonsistas.
La disputa ideológica ocasionada en 1935 a raíz del conflicto entre José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma, que terminó con el segundo y parte de su gente escindiéndose de Falange Española de las JONS, quizá podría considerarse el origen de la división actual existente en el “área” identitaria. No olvidemos que, cada 29 de Octubre, Ramiro Ledesma es homenajeado en el aniversario de su asesinato por tres formaciones ideológicamente diferentes: FE-La Falange (nacionalsindicalista), Alianza Nacional (nacionalsocialista) y Movimiento Social Republicano (nacionalrevolucionaria). ¿A qué puede deberse que tres partidos diferentes consideren al mismo hombre como su ideólogo y modelo de conducta?
Las ideas de Ramiro Ledesma, mucho más impregnadas de las que había en el extranjero durante su vida (lo que no quiere decir que las copiara), se alejaban en algunos aspectos de la visión católica que tanto defendían los seguidores de José Antonio y eso ha podido dar lugar a una cierta “ambigüedad” a la hora de comprender sus escritos.
Normalmente se ha achacado a Ramiro Ledesma ser una especie de “introductor” del nacionalsocialismo en España, supongo que por citas como esta: “De la fundación de las JONS a la aparición de El Fascio”).
“El fascismo es en su más profundo aspecto el propósito de incorporar a la categoría de soporte o sustentación histórica del Estado Nacional a las capas populares más amplias” (La Patria Libre, “¿Qué es el fascismo?”); al igual que José Antonio, a quienes muchos de sus seguidores actuales tratan de quitarle la etiqueta de “fascista” pese a citas como esta: “El fascismo no es sólo un movimiento italiano: es un total, universal, sentido de la vida. Italia fue la primera en aplicarlo. Pero ¿no vale fuera de Italia la concepción del Estado como instrumento al servicio de una misión histórica permanente? ¿Ni la visión del trabajo y el capital como piezas integrantes del empeño nacional de la producción? ¿Ni la voluntad de disciplina y de imperio? ¿Ni la superación de las discordias de partido en una apretada, fervorosa, unanimidad nacional? ¿Quién puede decir que esas aspiraciones sólo tienen interés para los italianos?” (Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, “Al volver”).
¿Estoy queriendo decir que José Antonio era “fascista”? ¡No! Pero tampoco pienso que lo fuera Ramiro Ledesma, pese a sus diferencias con el estilo joseantoniano.
El propio Ramiro consideró al fascismo como una actitud propiamente italiana y que los españoles debían buscar su propio modelo:
“El fascismo como actitud mundial, y por tanto, puesto que España está en el mundo, como posible actitud española, no depende de un modo directo del fascismo italiano, mussoliniano, sino que es un fenómeno de la época, típico de ella como cualquier otro. Tenía esto que decirse en España al aludir a las características del fascismo, pues nuestra Patria es de suyo una Patria imperial, creadora y totalitaria. Nada que sea propio y genuino de otro país encontrará aquí arraigo fundamental, y por eso las formas miméticas del fascismo están aquí felizmente proscritas” (¿Fascismo en España?, “Los problemas del fascismo en España”).
Y es que Ramiro Ledesma no sólo lanzó sus puyas contra José Antonio tras su marcha de la Falange, sino también contra aquellos que imitaban al fascismo en todos los sentidos en lugar de buscar un movimiento auténticamente nacional para su pueblo:
“Hay en Inglaterra un movimiento fascista acaudillado por Mosley. No estamos muy seguros de su trascendencia ni de la brillantez de su futuro. Claro que ello nos importa en muy débil manera. Ya es un detalle que surgiendo nada menos que en el Imperio inglés se conforme y viva tranquilo vistiendo camisas negras y llamándose «Unión fascista británica» sin originalidad ninguna, ni añadir nada a la matriz fascista de Italia. Ya es un detalle, repetimos, porque ello demuestra, y nos alegra mucho a los españoles, la situación lamentable en cuanto se refiere a la capacidad creadora de ese imperio inglés a cuyo hundimiento asistiremos con la mejor gana.
Hemos visto en «ABC» una información acerca de este fascismo británico. Que es constitucional, parlamentario, antisubversivo, elegante, palatino y enemigo de la violencia. ¡Ah! Y en dos años o tres de vida no le han disparado los rojos ni un solo tiro” (JONS, “Los sistemas fascistas”).
“Hay ya en varios países eso que podemos denominar exactamente fascismos de exportación. Es decir, grupos sin dimensión profunda, artificiosos, que importan el fenómeno fascista como quien importa un género de moda cualesquiera. A nadie se le ocurrirá adscribir a esos movimientos ninguna clase de reivindicación nacional profunda ni encomendarle tareas que no sean las de un puro mimetismo grotesco.
No tiene en realidad nada que ver con el hecho que pretenden imitar. Quedan localizados sus afanes a una pequeña vanidad del caudillejo de turno y a un poco de pintoresca exhibición en los países donde surgen. Nada más. Y así realmente tenía que suceder. Bien decía Mussolini que el fascismo no es materia exportable; aunque luego haya silenciado su juicio porque convienen mucho a Italia esos grupos internacionales de adoradores” (La Patria Libre, “Los fascismos de exportación”).
Ramiro Ledesma se alejó siempre de la etiqueta de “imitador” del fascismo, aunque compartió con el dicho movimiento su visión del Estado:
“Los nuevos Estados que hoy nacen y triunfan -Rusia, Italia, el Estado germano que postula Hitler- son antiliberales. En ellos se le reconocen al hombre derechos políticos por lo que en él hay de capacidad de convivencia, de cooperador a los fines del Estado. Por eso no hay derecho a la disidencia, o sea, a libertad frente al Estado” (La conquista del Estado, “El individuo ha muerto”).
Lo que proponía Ramiro Ledesma frente al Estado, según la visión joseantoniana, sería la absorción del individuo por parte del órgano estatal. Nuevamente, los dos ideólogos emplean el mismo término (totalitarismo) con diferente significado: para Ramiro, será un Estado que esté por encima de todos los poderes y ciudadanos; para José Antonio, será un Estado que englobará a toda la sociedad en el mismo proyecto.
Sin embargo, como suele ocurrir, a la hora de expresarlo llega a sonar muy parecido y, en ocasiones, si no se indica no se sabría decir cuál es cuál:
“La Patria es una unidad de destino en lo universal, y el individuo, el portador de una misión peculiar en la armonía del Estado. No caben así disputas de ningún género; el Estado no puede ser traidor a su tarea, ni el individuo puede dejar de colaborar con la suya en el orden perfecto de la vida de su nación” (Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, “Estado, individuo y libertad”).




1 comentario:
Gracias por clarificar ideas. Algunos las tenemos claras. Muchos necesitan aclararlas.
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