Escribir esta entrada quizá suponga una crisis en mi pensamiento, pero mis ganas de desahogarme y mi necesidad imperiosa de darle vueltas a los asuntos más peliagudos me obligan a ello. Antes que nada, he de advertir que no me ha pasado nada malo recientemente con ningún individuo de mi entorno.
Desde hace un año me considero defensor de la doctrina nacionalsindicalista (ya antes había comenzado a informarme, pero es sobre estas fechas un año atrás cuando puedo decir que tengo un mínimo conocimiento sobre el tema), sobre todo de la vertiente de la Falange Española original (no me gusta dividir el movimiento de esta manera, ya que también admiro muchos postulados de las antiguas JONS). Como bien deja claro el séptimo punto del programa original, uno de los pilares sobre los que el nacionalsindicalismo basa su proyecto es el hombre, al que considera portador de valores eternos como la integridad, la libertad y la dignidad. Esto, junto con el cristianismo, me obliga a respetar a los individuos de mi alrededor, sean de la raza, nacionalidad o ideología que sean.
A lo que quería llegar es que a veces me resulta muy difícil el pensar en positivo sobre los demás. Tal y como decía Nicolás Maquiavelo, el hombre es malo por naturaleza y un buen líder debe de saber dominar a la gente empleando la fuerza y la astucia.
Y esto es lo que me provoca el quebradero de cabeza. La gente no es buena. Solo le preocupa comer, dormir y vivir cómodamente, dando la razón a ese cenutrio de Karl Marx. Y los españoles los que más. El español medio (no todos, claro, pero obviamente me refiero a la gran mayoría) es inculto y únicamente le preocupa la posibilidad de que pueda perder su empleo. Ahora comienza a mirar con malos ojos la inmigración, pero no por que esté en contra de los fenómenos migratorios como consecuencia de la globalización económica (muchos españoles no sabrían responder a la pregunta de que es la globalización), sino por que ya se le ha acabado el ramalazo “señorito” de gastar más de lo que gana, ha perdido su trabajo y necesita imperiosamente aunque sea un puesto como albañil o jornalero de invernaderos, trabajos que desde hace años hemos cedido a los inmigrantes, a los que muchos españoles han elogiado diciendo que “hacen los trabajos que no queremos”. Nuevamente, el español vuelve a sacar su peor versión, en este caso la egoísta. Seguro que muchos españoles que han votado a PP y PSOE y que ahora se quejan de los inmigrantes por que ocupan los puestos que antes no quisieron estarían encantados de que una negra se les abriera de piernas. Ese es el tipo de actitudes que el PP querrá captar en las próximas elecciones.
Yo estoy en contra de la inmigración como fenómeno provocado por la globalización: las democracias liberales occidentales, en su afán por mantener el estado del bienestar que asegure su perpetuidad en el poder, absorbe las materias primas y la mano de obra de los países subdesarrollados. Esto provoca que grandes masas de trabajadores inmigrantes vengan a nuestros países, donde son explotados por empresarios locales sin escrúpulos, por lo que los salarios de los trabajadores del país anfitrión se verán perjudicados, además de sus servicios públicos (educación y sanidad principalmente). Al mismo tiempo, estos inmigrantes y sus costumbres chocarán con la población autóctona, lo que provocará incidentes sociales graves, además de que junto a los inmigrantes trabajadores vienen otros dedicados a los “asuntos sucios” (tráfico de drogas, prostitución). A esto hemos de añadirle la pérdida de identidad (algo que a la izquierda y a la derecha suena a chino). Una cultura se puede considerar como tal cuando es diferente de otra. Si juntamos a dos culturas diferentes en un mismo lugar con el objetivo de lograr una sociedad “multicultural”, únicamente estaremos provocando la extinción de la cultura en si. Lo único que conseguiremos será el nacimiento de individuos sin identidad cultural propia. ¿No se dice acaso que el exceso de información produce desinformación?. Pues apliquémosle esto a las culturas humanas: un exceso de culturas dentro de un mismo territorio acaba suponiendo la negación de cada cultura. No hay más que ver el ejemplo de Estados Unidos. Una nación donde impera el materialismo del capital y la banca sionista, un país que mueve millones de cantidades monetarias a la vez que es el número uno en el apartado de personas que mueren en la calle, un lugar donde su patriotismo se basa en el liberalismo y en el consumo.
Creo que me estoy desviando del punto hacia donde quería llegar. Yo no estoy en contra de la inmigración por que sean diferentes, sino por los problemas que conlleva y que he expuesto en las líneas anteriores. A decir verdad, he sufrido más decepciones y he odiado más (y lo sigo haciendo) a individuos de raza blanca y nacionalidad españoles que a inmigrantes residentes en España, de la misma manera que he despreciado más a gente apolítica que a marxistas confesos.
Se dice que no está bien el ir en contra de tus propios compatriotas y que odiar a los demás va contra el cristianismo. Y es verdad. Pero yo ya estoy harto de exigir prioridades como el trabajo, la sanidad y la educación para individuos incultos, vagos y desagradables como son la mayoría de los españoles, y que estos luego lo agradezcan mirándome despreciativamente.
Esto es lo que entra en conflicto con mis ideas. ¿Cómo voy a defender un movimiento cuyo pilar sea el hombre cuando este no es de fiar y la mayoría de las veces es despreciable en su actitud?. Efectivamente, el ser humano no es de fiar. ¿Cuántos individuos pueden afirmar que jamás han sido traicionados por alguien que decía ser amigo suyo?. Desde siempre, he valorado la lealtad, la amistad, la confianza y el ir con la verdad por delante. He tratado bien a los que estaban a mi alrededor. ¿Y que es lo que he recibido a cambio?. Ser mirado como un loco y un fanático, ser acusado de egocéntrico y prepotente, además de haber sido el blanco de comentarios injuriosos, insultantes y hasta de posibles humillaciones en público que no fueron llevadas a cabo solo Dios sabe por qué. Todo esto por individuos que decían ser mis amigos. Como suele pasar, las cosas se dejan estar…y así fue…aunque no del todo. “Ten cerca de tus amigos, pero aun más a tus enemigos”. Esos tipos aun siguen creyendo que les considero mis amigos. Y no es así. Solo espero la llegada del momento que haga posible la venganza que el destino me debe. Ya veremos entonces quien ríe el último…
Al contar esto no pretendo aburrir a nadie. Únicamente quiero mostrar como es el ser humano en general y el español en particular. Antes me lamentaba pensando que he dedicado demasiado tiempo a buscar argumentos que defendieran la actuación histórica de la Falange en vez de preocuparme de la situación actual y de intentar comprender mejor el sentido social del nacionalsindicalismo. Sin embargo, tan solo se me ocurre pensar: ¿para que voy a defender una revolución que mejorará la vida de gente que no se la merece?. ¿Por qué voy a dedicar mi tiempo a convencer al idiota que no quiere aprender nada y prefiere seguir viviendo en la ignorancia?. Todos los hombres seremos hijos de Dios, pero hay muchos que no se merecen la existencia de la que disfrutan.
Las personas no somos iguales. Mientras algunos nacen para vivir insultando a los demás mientras van subidos en coches o para fornicar con gente de otras razas, otros tenemos una conciencia de la vida distinta y deseamos una sociedad diferente.
Siempre oigo que los que piensan como yo “son solo cuatro locos”. Pues estoy seguro de que esos “cuatro locos” serían mejores gobernantes que los que están ahora.
Jamás fui un tipo de acción ni lo seré, al menos a corto plazo. Supongo que por eso admiro tanto a Ramiro Ledesma y a Jose Antonio, por que ellos supieron infundar a mi débil espíritu una mínima fortaleza con sus personalidades decididas, vigorosas y valientes. Solo una cantidad muy pequeña de españoles está capacitada para comprender el pensamiento de tan grandes personalidades.
Seguiré defendiendo el nacionalsindicalismo. No puedo (ni quiero) cambiar lo que soy. Nadie puede. Pero está claro que, aunque la victoria en las urnas sería la más legal y legítima, no es la mejor. Las masas son ignorantes y muchos suelen arrimarse al Sol que más calienta. Si queremos un nacionalsindicalismo libre de oportunistas y sin contaminación del capital derechista, lo mejor es que este llegue al poder por medio de la acción directa. Por desgracia, la acción directa hoy es una opción a descartar, debido a que el Sistema está muy bien resguardado de ella gracias a las leyes elaboradas al respecto. A todos aquellos que en el día de hoy nos consideramos nacionalsindicalistas solo nos queda la labor de salvación de nuestra doctrina a la espera de tiempos mejores en los que el Sistema se resquebraje y España cuente con unas juventudes con vocación nacional y social dispuestas a derramar su sangre por la Patria y por una vida más justa y libre de las garras del materialismo, tanto capitalista como marxista.
domingo, 17 de octubre de 2010
¿Por qué he de defenderlos a ellos también?.
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