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lunes, 24 de octubre de 2011

Contando ovejas: "La bestia desaparece".



“¡El lobo no va a volver!”, balaban emocionadas las ovejas del rebaño, “¡el lobo no va a volver!”.
Durante mucho tiempo, tanto que sus antepasados ni siquiera recordaban años tranquilos sin ataque alguno de la fiera del norte, las ovejas habían vivido asustadas por la amenaza de sufrir en sus rollizas carnes la ira de aquella bestia que, según les habían explicado sus pastores, había nacido de la incompetencia de los anteriores propietarios del rebaño, quienes tampoco gozaban de muy buena fama porque siempre se insistía en que habían sido unos explotadores que habían tratado muy mal a su especie.
Aquel día, tanto los pastores del rebaño como los aspirantes a controlarlo se dirigieron en varias ocasiones a los ovinos para insistir en lo buena que era la noticia y en el esperanzador futuro que se abría después de semejante noticia. El lobo había decidido perdonar la vida del rebaño. ¿Es qué acaso no iban a poder estar felices por semejante suceso?
“¡No os dejeis embaucar por aquellos que quitan a la noticia la importancia que tiene!”, clamaba un famoso pastor, “¿es que acaso nuestro rebaño no deseaba la paz y el fin de la violencia?”.

Tras las palabras de los pastores, las ovejas organizaron una celebración digna de ser recordada durante muchos años. Poco después, acudieron alegremente a elegir a unos pastores que, según les habían dicho desde siempre, eran sus representantes ante otros rebaños y velaban plena y exclusivamente por sus intereses.
Una de las pocas ovejas avispadas, repasando los resultados de la elección de los ovinos de su rebaño, observó un detalle un tanto peculiar. Aquellas ovejas negras que, según las malas lenguas, habían coqueteado con el lobo estaban entre las elegidas para representar al rebaño. Ese coqueteo no hubiera dejado de ser curioso de no ser porque, en muchas ocasiones, a dichos animales les había parecido maravillosa la actitud del cánido respecto al rebaño (independientemente de que les dirigiera gruñidos furiosos enseñándoles los dientes o, directamente, provocando una carnicería).
“¿Es que se han vuelto locos?”, pensaba la oveja inteligente al observar aquello. Ante la duda, decidió ir a consultarlo todo con aquel pastor que, según le habían dicho, era su representante. Cuando llegó a la puerta de su fantástico establo, escuchó unos fuertes balidos y jadeos. Una bola de lana, abiertamente simpatizante del lobo, estaban fornicando contra una valla... y el pastor se encontraba dejabo aguantando todas las embestidas.

Tras presenciar con horror la escena, la oveja inteligente decidió denunciar la situación a los demás miembros del rebaño. Éstos, además de no creer sus palabras, utilizaron las excusas de los pastores, afirmando que la negociación con el lobo había sido muy importante y necesaria para el cese de las hostilidades. No contentos con sus estúpidos “argumentos”, el rebaño prosiguió acusando a la oveja inteligente de apoyar a unos antiguos pastores que, en palabras de los nuevos, habían sido los responsables del nacimiento del lobo.
Tras darse cuenta de que sus compañeras de pasto no tenían intención de abrir los ojos ante el gravísimo caso de colaboración con el lobo asesino que estaban llevando a cabo los pastores, decidió desistir de explicarles más cosas. A medida que iba razonando, la oveja dejó de sentirse una ovina más: comenzó a perder lana, su fisionomía cambió... Finalmente, observó asombrada que se había convertido en un ser a imagén y semejanza de los pastores... con la diferencia de que no tenía el ano dilatado.



Gabriel García

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