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miércoles, 19 de octubre de 2011

El Baúl de la Historia: "El duro invierno finlandés II".

Cuatro ejércitos soviéticos se prepararon para atacar a través de la frontera desde el norte hasta el lago Ladoga. El 7º Ejército cruzaría la línea Mannerheim y se dirigiría a la capital finlandesa con sus flancos izquierdo y derecho cubiertos por el Báltico y el 8º Ejército (que entraría a Finlandia desde el norte del Ladoga) respectivamente. La Plana mayor de los bolcheviques estimó en una semana la duración de la guerra, es decir, una operación similar a la invasión de Polonia por parte de sus ahora vecinos fronterizos germanos.



El invierno finlandés en 1939-40 es especialmente frío. Se llegan a alcanzar temperaturas de 40 bajo cero, y los soviéticos lo notan. Notan que los líquidos de los motores de sus tanques (planean aplastar a su enemigo con tanques en una geografía mayoritariamente boscosa) se congelan, pero también sus pies, sus orejas y hasta sus ideas: no van bien equipados para semejantes condiciones térmicas. Los fineses, por su parte han conseguido reunir unos 120000 hombres en el seno de una nación totalmente unida en su lucha contra el invasor, pues hasta los comunistas finlandeses han tomado las armas contra la URSS. Finlandia no dispone de carros blindados ni de una aviación decente, ni siquiera de uniformes (muchos soldados tienen que vestir su propia ropa). Sin embargo, entre una población de cazadores en la nieve para ningún finés supone nada especial camuflarse con ropa adecuada y disparar en el manto blanco. Tampoco así luchar en bosques. A todo esto añadamos la nada despreciable proporción de buenos tiradores que tiene el poco preparado Ejército Finés, destacando Simo Häyhä, que en lo que duró la guerra mató a 505 soviéticos él solo y quizás sirviese de ejemplo a Vassili Zaitsev en Stalingrado (esta vez siendo los soviéticos los invadidos).





Los oficiales del ejército soviético utilizando tácticas pertenecientes a la Primera Gran Guerra no se atreven a tomar la iniciativa (caso contrario al de sus futuros invasores de la Wehrmacht, en la que más de la mitad de los oficiales sueñan por obtener una Cruz de Hierro) y muchas veces no avanzaban cuando la táctica lo pedía o no se retiraban cuando así había de ser. Además, el Camarada Stalin ha purgado el Ejército Soviético, introduciendo oficiales fervorosamente comunistas pero en muchos casos sin habilidad suficiente para hacerse cargo de sus funciones.



La ciudad de Rovaniemi es el objetivo principal en el centro del país para los soviéticos, por eso envian dos fuerzas marchar sobre esa ciudad. Una es interceptada a 370 km del objetivo y la otra a 60 km de la frontera soviética. Hasta hubo una división (la 163ª, integrada en su mayoría por mongoles de Mongolia) que al avanzar tan despreocupada y sin proteger sus flancos fue aniquilada por guerrilleros fineses. Los tanques en el norte paran cada poco por congelación o por terreno inadecuado para su avance. Pero lo más demoledor para el ya desmoralizado Ejército Soviético es el llamado “Incidente de Raatteentie”.



La 44º División soviética marcha por una carretera estrecha sin que su despistado general de división se percate que se dirigen a una emboscada. Efectivamente, una emboscada de unos 300 fineses (a mí también me suena a las Termópilas) que hostigan a los 25000 ucranianos de la 44º mientras 6000 fineses más los atacan por la retaguardia. 23000 soviéticos pierden la vida mientras que los fineses aparte de tener pocas bajas se hacen con pertrechos, tanques, caballos, etc.



Al acabar el invierno el panorama para los soviéticos es absolutamente desmoralizador. La guerra dura ya más de 100 días y los progresos han sido pésimos para los bolcheviques. Suecia quiere la paz en Escandinavia (parece no darse cuenta de lo que pasa en Noruega) y Alemania no quiere otra República Soviética en Finlandia, así que Estocolmo y Berlin presionan a Helsinki para que acepte una paz con la URSS. Tras unas duras negociaciones ambos Estados llegan a un acuerdo de paz mediante el cuál la URSS a pesar de haber hecho el total ridículo militar (especialmente ante Alemania) y diplomático consigue sus objetivos logísticos en el país. Pero esto no hará que Hitler recapacite sobre la futura guerra contra su vecino rojo, de hecho le hace llegar a la conclusión de que podrá atacarles mucho más pronto...



La Guerra de Invierno probablemente sea la última guerra de la historia en la que el coraje venció al poderío, en la que el amor por lo propio y el sacrificio vencieron a un enemigo muy superior en número y medios y lograron hacerle retroceder.




Fernando Salazar

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