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miércoles, 19 de octubre de 2011

PENSAMIENTOS Y REALIDADES PARADÓJICAS.

La libertad no es algo con lo que se nace, no es un derecho natural, ni siquiera está al alcance de cualquiera. Es un algo a conquistar, es un acto de voluntad.■

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Muchos españoles están a favor de la inmigración, y supongo que es algo lícito en aquellos que viven sumidos en un auténtico desconocimiento de la realidad social, en aquellos que han creído ingenuamente sin oponer resistencia crítica o en aquellos que conscientemente ven en tal tragedia un medio para lucrarse... ¡o simplemente les gusta!

La inmigración es una tragedia, pues supongo que en realidad nadie quiere dejar su tierra, ¿o sí? Pensemos bien esta vez porque conviene al discurso. Es una tragedia porque se supone que todo inmigrante es forzado a trasladarse por una situación insostenible en su país de origen. Y vienen a trabajar, y además con la conciencia de beneficiar a aquellos del país que les recibe, como si no vinieran a lucrarse. Pobres inmigrantes, son personas muy generosas. Pues claro, es normal que con estas premisas el biempensante esté a favor de la inmigración, pues piensa que le beneficia, que le enriquece... el bolsillo, incluso lo piensa ahora en plena crisis. ¿Veis la perversidad del inmigracionista? Se pone un manto de tolerancia y es un explotador de mano de obra barata, celebra la inmigración, está a favor de ella... ¡porque le beneficia!, ¡le importa bien poco la tragedia del inmigrante, la tragedia que hipócritamente todo inmigracionista denuncia para poder dejar entrar a más mano de obra barata y poder seguir con su industria de la esclavitud! Ahora bien, esto es paradójico, pues pensar que la inmigración beneficia es todo un logro. Bajo sospecha quedan todos aquellos que se sienten beneficiados por la explotación de esta industria de la inmigración, pues por algo será que se benefician.

No nos engañemos, estar a favor de la inmigración es equiparable a estarlo con el hambre en África o con el ahorcamiento de homosexuales y la persecución de cristianos en el mundo islámico. ¿Cuándo vamos a denunciar la perversa mentalidad del inmigracionista, ese nuevo "azotador de negros" de la modernidad?■

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El progre dice que quiere inmigrantes para que hagan los trabajos que los españoles no quieren hacer. ¿Será mentiroso? ¿Cuántos jornaleros españoles se han ido a Francia este mismo año? Vaya, resulta que el progre es un vago, lo que en realidad sucede es que él no quiere trabajar y quiere que se lo haga todo otro, el negrito o el indio, el morito o el chinito. ¿Quién es aquí el racista en el sentido de la palabra que ellos mismos le dan? El inmigracionista como esclavista, como traficante de carne humana, como señor de hombres. Menuda paradoja. Yo asemejo al inmigracionista al proxeneta que trae chicas de Sudamérica. Piénsenlo, todo el mundo asume que el segundo es un indeseable, ¿por qué no el primero?■

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No debemos sentirnos culpables los europeos y eurodescendientes de ser lo que somos, de vivir bien, aunque cada vez peor, por haber conseguido nuestros logros sociales, por descender de aquellos que lograron tales derechos. Si nuestro espíritu es más elevado, si somos más luchadores y nuestra voluntad es de mayor vigorosidad, ¿qué culpa tenemos nosotros de descender de hombres formidables? Sea nuestra línea de sangre un orgullo. Nefasto es el europeo que reniega de todo esto, que se siente culpable porque otros no tienen un espíritu tan elevado y viven peor. Si se sienten mal por ello es porque asumen que son superiores, porque miran desde arriba: su orgullo y su prepotencia radican en su pose de de pseudohumildad y creerse con una moral superior. No hagáis caso a aquel que se siente mal por su condición si os llama racista o supremacista, él es lo mismo o más sólo que tú te sientes orgulloso y al otro le escuece.■

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Aquel quien desea la soledad, aquel que va a la soledad como una huida hacia delante, ha superado al hombre y su propia naturaleza gregaria.■

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Nací el año 1981, durante los inicios de la orgia memocrática. Ya había ocurrido el intento golpista. Luego me educó la LOGSE y me enseñaron a distinguir entre el fascista y el demócrata. Básicamente facha era todo lo que había antes desde el inicio de los tiempos hasta no hacía mucho... "desde hace poco el pueblo es libre", me dijeron. Pero hay más. Los docentes me explicaron que fascistas son todos aquellos que no desean la libertad de expresión, es decir, no se trataba de gente que no te dejara decir cosas, sino que te decían lo que se debía o no decir. También son aquellos o eran aquellos que persiguen o perseguían a los de pensamiento diferente, además de ser aquellos que defienden a los ricachones. Y es que todos los fachas son ricachones, me dijeron, todos son capitalistas y están en contra del trabajador. Sin embargo, los demócratas son gente humilde, es decir, gente que no hace ostentación de riqueza, gente generosa y que mira por el pueblo. Son también luchadores por la libertad y radicalmente tolerantes. Los demócratas son buenos, los fachas son malos. Pues bien, en este mundo tan extraño que me ha tocado vivir aún no he conocido a un demócrata, y si los hay, o son minoritarios, o son perseguidos o... ¡paradoja!, les llaman fachas.■

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