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miércoles, 14 de marzo de 2012

El Baúl de la Historia: "La ciudad de Olimpia y los Juegos Olímpicos (II)"

Los Juegos Olímpicos de la Antigüedad seguían una organización y unas normas. Quienes organizaban los Juegos Olímpicos eran conocidos como Hellanódicas y Theócolos; los primeros se encargaban de seleccionar a los mejores participantes y sus obligaciones tenían que ver con las actividades que se llevaban a cabo en los Juegos y con las instalaciones en las cuales esas actividades se desarrollaban, y los segundos eran altos sacerdotes que supervisaban los templos, conservaban los altares y organizaban los ritos. Junto a esto, había unas normas que seguir durante la celebración de los Juegos Olímpicos y para participar en los mismos, como por ejemplo que quienes quisieran participar en los Juegos, debían ser griegos y de condición libre, que las mujeres no podían asistir a la celebración de los Juegos y que los participantes debían participar desnudos. Si alguna de las normas establecidas no era cumplida, la sanción podía ser económica, política, deportiva y corporal.

La celebración de los Juegos duraba seis días, aunque tampoco se sabe ciertamente. Aún así, antes de la celebración de los Juegos Olímpicos, cada atleta empezaba a entrenarse un año antes de la celebración de los mismos, y un mes antes del inicio de los Juegos, todos se desplazaban a la ciudad de Elis, situada a 50km de Olimpia. En ésta ciudad, los participantes en los Juegos, los jueces y entrenadores y los mismos familiares de los participantes hacían el juramento de que no iban a delinquir contra los Juegos Olímpicos, y los atletas juraban que durante diez días habían seguido las normas de entrenamiento que se les obligaba a seguir.

Los Juegos Olímpicos se iniciaban con los concursos de trompeteros y heraldos; el segundo día era el día de las competiciones destinadas a los jóvenes; el tercer día se celebraban los concursos ecuestres y el pentatlón; el cuarto día, el día más importante de los Juegos, se celebraba un ritual en honor a Zeus y se sacrificaban cien bueyes en su honor; el quinto día se llevaban a cabo las competiciones de lucha y el sexto día se cerraban los juegos y se repartían los premios.

Los ganadores de los Juegos Olímpicos se reunían en el Templo de Zeus, donde recibían sus premios. El premio no era económico, sino simbólico. Inicialmente se les daba como premio una manzana, pero más tarde se les entregaba una rama de olivo y una cinta de lana que les colocaban en la cabeza, y el nombre del padre del atleta, el lugar de nacimiento y su linaje quedaban inscritos en un registro. Aquél que consiguiera vencer en todas las pruebas del pentatlón tenía derecho a erigir una estatua de si mismo en el Templo de Zeus. Al regresar a su polis natal, los ganadores eran recibidos como héroes.

La decadencia de los Juegos Olímpicos empezó a mediados del siglo III. Los últimos Juegos Olímpicos fechan del año 393, año en que fueron prohibidos por el emperador Teodosio I tras la adopción del cristianismo como religión oficial del Imperio. Años después, en 395, los godos saquearon y destruyeron Olimpia, y en el año 408, Teodosio II y Honorio, emperadores del Imperio Romano de Oriente y Occidente respectivamente, ordenaron la destrucción de los templos y lugares dedicados a las deidades grecorromanas.



Helena López

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