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miércoles, 14 de marzo de 2012

El Real Madrid se deshace del CSKA de Moscú.

El Madrid ya está en cuartos. Y que nadie le reste méritos ni críticas. No se llega a estas cimas por el escudo o la dinastía ni se permitirá una coronación con tanta desconcentración. El rival, modesto pero no inocente, le dejó helado en Moscú y pudo convertirle en piedra por su salida en el Bernabéu. Por eso, la reacción tan contundente a las adversidades que se le presentaron es, a la vez, preocupante, digna de alabar por los devotos y necesaria de anotar para los rivales. El oportunismo de Higuaín y otra bomba racimo de Cristiano pasaron página a unos primeros veinte minutos igual de malos que muchos vividos en Vallecas o el Villamarín. Eso sí, la victoria, redondeada por dos genialidades de Benzema, deja al 'Pipita'en la 'pole-position' de cualquier ataque futuro, anuncia un tridente en plena forma, confirma la recuperación de Kaká y corrobora la firmeza de este Madrid. Que no es poco a estas alturas.

Sin embargo, el juego no tuvo bordados como se esperaba y el equipo se tambaleó demasiado en defensa. Algo que enfadó a más de uno, con libreta o bufandas. De hecho, el Madrid jamás halló continuidad en su juego y aireó alguna laguna que otro enemigo hubiera convertido en océano. Ramos y Pepe sufrieron para parar a Musa y atar a Doumbia. Y, sobre todo, los mediocentros se vieron incapaces de dominar el tiempo y las circunstancias. De ahí que Xabi Alonso no pudiera evitar la amarilla que le priva de la ida de cuartos ni que Casillas pudiera evitar un gol ruso y varios sustos. El pase a cuartos, por las formas, no se celebrará por todo lo alto. No procede. Más se festejará el sorteo del viernes. Otro adversario, con muchos más galones, forzará a desempolvar el repertorio. Ya se sabe. Ya se ha visto.

Una salida inesperada

El 4-1 es justo. Y aun así, la taquicardia del primer tiempo aún dura en el madridismo. Nadie esperaba un rival tan atrevido. Por mucho blaugrana que luciera. El CSKA fue a buscar al Madrid desde en el primer tiempo con valentía, hasta el punto de que taponó su salida desde atrás con suma facilidad por asfixia y llegó a susurrar a Casillas hasta en tres ocasiones. Luego decayó. Fueron veinte minutos pero parecieron 20 años. Rivales igual de modestos ya dieron más de un disgusto antaño en Europa. Doumbia de partida y Musa más tarde sorprendieron a la defensa blanca, silenciaron el Bernabéu e inquietaron a Mourinho. Hasta que Özil se desperezó y encontró huecos que ocupar junto a rivales para desbordar. Gracias a su talento, la película mutó de suspense a otro musical. El CSKA se quedó en gaseosa y el Madrid, una vez más, alardeó de pólvora.

La primera acción del alemán ya habrá caído en el olvido a estas alturas. Sin embargo, en su momento pudo ser clave. Ignashevich le empujó dentro del área con tanta suavidad como inocencia. Pudo ser penalti. Pero no fue. La acción a debate, al menos sirvió para agitar al Madrid y recordarle que la Champions exige el máximo siempre y no de vez en cuando, como la Liga. Cristiano, Kaká e Higuaín se contagiaron del espíritu de Özil a la vez que Xabi Alonso comenzó a mover a sus compañeros como si fueran marionetas. El CSKA intuía que se le venía encima un vendaval. Acertó. Tuvo que ceder metros y, sobre todo, el protagonismo. La calidad manda, aunque sólo sea a trompicones.

Cristiano intentó acaparar los focos con una par de arrancadas. Sin embargo fue Kaká el que más voluntad y acierto demostró. Primero con un disparo desde la frontal y luego con un pase magistral a Higuaín que el argentino no desaprovechó a puerta vacía. El 'Pipita' no sólo encarrilaba el pase. Además, reivindicaba su valía con Benzema a la vuelta de la esquina. La jugada se originó cuando menos se esperaba, pues fue Khedira, casi de espaldas y con la zurda, quien encontró la rendija en el área. Después, Marcelo pudo copiar la acción y sentenciar. Tropezó en mala hora.

Más goles que juego

La segunda mitad trajo mejores noticias en forma de goles. Una realidad que no habla de grandes sensaciones. Cristiano se encontró con el segundo gol con una cantada de Chepchugov. La fuerza del misil le exculparía de no ser por la mantequilla de sus manos. El Madrid se encontraba aliviado. Tanto que Cristiano se permitió ceder alguna que otra falta y Mourinho introducir varios cambios que ansía y le dan miedo.

Se marchó Higuaín para coger confianza y entró Benzema para recuperar sensaciones. El francés marcó el tercero en su primera intervención y regaló el cuarto a Cristiano en su despedida. Su reaparición abortó cualquier intención de revolución por parte del CSKA, que dio otros avisos, con gol incluido, más por el decaimiento madridista que por su fe en la remontada. Tosic dejó la perla del partido con un regate repleto de arte a Pepe y con un zapatazo cargado de rabia. Fue un buen final para su equipo, la última concesión al relax para el Madrid y el primer minuto de lo que se aproxima: la hora de la verdad.



Fuente: AS (www.as.com)

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