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sábado, 22 de octubre de 2011

ETA pretende hacer a Otegui 'lehendakari' en el año 2013.

ETA no echa la persiana. Los siniestros encapuchados tienen diseñada al milímetro una hoja de ruta que ni mucho menos termina con el “cese definitivo de la actividad armada”. Fuentes de la lucha antiterrorista aseguran a LA GACETA que los etarras no anunciarán el abandono y la posterior entrega de las armas hasta los prolegómenos de las próximas elecciones autonómicas vascas, previstas para 2013 pero que podrían adelantarse a 2012. Así lo confirma la documentación incautada a la banda terrorista en los últimos dos años.

Una vez declarado el final de los atentados, los pistoleros pretenden, como ya informó este diario, entablar una negociación con el Gobierno que salga de las urnas el próximo 20 de noviembre. En esa negociación, los etarras pretenden abordar, como recoge su comunicado de anteayer y como pidió la Declaración de la llamada Conferencia de Paz, “las consecuencias del conflicto”.

Esas “consecuencias del conflicto” son, básicamente, el asunto de los etarras encarcelados y huidos de la Justicia, así como el “desarme” o “desmilitarización” de la banda asesina. Es decir, acercamiento de presos y entrega de armas.

Así pues, la ansiada entrega de las armas, que los encapuchados eludieron mencionar en su comunicado, debe estar sobre la mesa de diálogo. Y el objetivo de la banda es que el abandono y entrega de armamento se produzca justo antes de las siguientes elecciones autonómicas vascas.

Un anuncio que le vendría de perlas al brazo político de ETA, sea Sortu, si va en solitario, o sea una coalición como Bildu o Amaiur, si va junto a otras formaciones. Los batasunos teorizan que este tipo de manifiestos fortalecen y multiplican el apoyo en las urnas. No les falta razón, si se tiene en cuenta, por ejemplo, lo que ocurrió en las elecciones municipales y forales del pasado 22 de mayo, cuando Bildu consiguió hasta 313.000 votos. Tiempo después, el líder batasuno Arnaldo Otegui aseguró en sede judicial: “Ya somos 313.000”.

No por casualidad, el texto conocido anteayer se ha hecho público a un mes exacto de las elecciones generales. Los terroristas pretenden que la coalición Amaiur, dentro de la que está ahora mismo su brazo político, logre un gran resultado. Las encuestas apuntan a que la alianza dentro de la que están los proetarras puede conseguir entre cinco y ocho escaños, lo que le serviría para tener grupo propio en el Congreso de los Diputados. Es imposible perder de vista que Batasuna está impulsando, con Bildu o Amaiur, un frente soberanista y de izquierdas que suplante al PNV como fuerza hegemónica en el País Vasco.

“Fines políticos”
Los expertos relatan que no es nada nuevo que los etarras quieran influir en citas electorales como la del 20-N o las autonómicas vascas. “ETA es una organización terrorista, sí, pero con unos objetivos políticos, por lo que siempre, siempre, siempre tiene en la cabeza las elecciones cuando toma decisiones”, aseguran agentes de la lucha antiterrorista.

Sobran los ejemplos en que ETA ha intentado condicionar los resultados. Sin ir más lejos, en las dos últimas elecciones generales ETA ha intentado irrumpir en campaña, tanto con atentados como con comunicados. En febrero de 2004, a un mes de los comicios, los etarras anunciaron una tregua exclusiva para Cataluña –aquella que negoció José Luis Carod-Rovira con los jefes de ETA en Perpignan– y también trataron de montar un gran ataque, aunque no fue posible porque las Fuerzas de Seguridad interceptaron en Cañaveras (Cuenca) la llamada caravana de la muerte. Los pistoleros transportaban 500 kilos de explosivos para atentar en Madrid a pocos días de las elecciones.

Cuatro años después, los encapuchados sí lograron sus objetivos macabros al asesinar, el 7 de marzo de 2008, a sólo dos días de la cita con las urnas, a Isaías Carrasco, ex concejal del PSE en Mondragón (Guipúzcoa).

Tutelaje
Por supuesto, aseguran desde la lucha antiterrorista, ETA se sigue reservando el papel de “garante del proceso” pese a haber anunciado a bombo y platillo que no volverá a atentar. Esto quiere decir, básicamente, que la banda criminal quiere “tutelar” todo el proceso que desemboque en su final desde la mesa de negociación con el Estado.

Eso sí, en las intenciones de los terroristas la principal modificación respecto a las negociaciones precedentes es que Batasuna debe ocuparse en solitario de resolver las “cuestiones políticas”. Durante el llamado proceso de paz, ETA tenía la última palabra tanto en la mesa técnica –donde se sentaba frente al Gobierno– como en la mesa política –donde se veían los partidos: Batasuna, el PSE y el PNV–.



Fuente: La Gaceta (www.intereconomia.com)

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