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martes, 18 de octubre de 2011

UNA VERSION DEL PLAN ANDINIA, DEL GENERAL ROBERTO FERNANDO BENDINI.

Un año antes de que asumiera el delincuente Néstor Carlos Kirchner como presidente de la Nación, Roberto Bendini tenía el grado de general de Brigada, y, como tal, era el jefe o comandante de la Brigada Mecanizada XI del Ejército Argentino, la misma que, unos años más tarde, pasó a llamarse“Brigadier General Juan Manuel de Rosas” por obra suya.

A juzgar por los especimenes que ocuparon la jefatura del Ejército desde 1983 a la fecha, Bendini ha sido lo “mejorcito” que se ha tenido, y no precisamente por mérito del kirchnerismo, por si alguien infiere esto.

Bendini tuvo una no muy divulgada militancia dentro del nacionalismo en sus años de juventud; un ex menemista y hombre informado como Juan Bautista“Tata” Yofre ha dicho que Fernando Bendini fue miembro del Movimiento Nacionalista Tacuara, y que en 1975 quemó una bandera de China Comunista en un ágape realizado en el Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”. Por otro lado, quienes escriben esta nota hemos confirmado, de boca del propio Bendini, y en el año 2006, que es rosista-peronista. Hubo una cierta cantidad de acontecimientos durante su jefatura que sirvieron para corroborar esta filiación, algo que es muy raro que suceda en los altos mandos castrenses.

Sin embargo, no seremos obtusos, por lo que diremos que el general Bendini era amigo de Néstor Kirchner, lo cual le generó alguna que otra mancha a su foja de servicio. En marzo de 2002, mientras era jefe de la Brigada XI, Roberto Bendini abrió una cuenta bancaria en un banco privado de la provincia de Santa Cruz a nombre, justamente, de la brigada que comandaba, pero que en lugar de beneficiar a la ésta servía para desviar fondos del Ejército para propósitos personales. Este caso saltó a los medios en marzo de 2005, pero la “justicia”kirchnerista le perdonó la vida.
BENDINI ESCLARECIDO

Durante el primer año que ocupó la máxima jerarquía del ejército, en 2003, el ya teniente general Bendini tuvo algunos escollos importantes que superar, debido, más que nada, a su pasado nacionalista. Pero también por haber palpado la realidad más cruda mientras fue jefe de la Brigada Mecanizada XI “Juan Manuel de Rosas”, que es la más austral que existe en el territorio patrio. Allí observó la desértica y riquísima extensión territorial de nuestra Patagonia; allí contempló el peligro de aquella región despoblada y a merced del capital especulador y “filantrópico” de los magnates y testaferros del poder mundial que aspiran a quedarse con las mejores tierras vírgenes; allí empezó a hacer estudios tendientes a modificar el abandono patagónico al que hemos llegado por políticos y economistas que profesaban que “el mal que aqueja a nuestro país es la extensión” (Domingo Faustino Sarmiento) y que “achicar el Estado es agrandar la nación” (José Alfredo Martínez de Hoz).

Es por eso, que en septiembre de 2002 el general de Brigada Bendini creó y dirigió el Centro de Estudios Estratégicos “Patagonia Austral”, que también editó una revista cuyo primer número salió aquel mismo mes y año. La editorial de apertura estuvo a cargo de él, y pensamos transcribirla íntegra para que noten la claridad de Fernando Bendini sobre la problemática vigente que existe en la Patagonia Argentina, problemática que, en los círculos del patriotismo argentino se da en llamar Plan Andinia.

Dejó de ser un tema “conspirativo” y de “alienados”, para constituirse en otro más bien real y factible, y que incluso ya fue teorizado desde finales del siglo XIX. En la primera década del siglo XXI, y con la impunidad creciente que poseen los popes del nuevo orden mundial, sale hablando un Ted Turner acerca de que en la Patagonia está el futuro de la humanidad, y de que hay que persuadir a las familias para que tengan solamente un hijo por matrimonio, pues es menester la preservación de recursos naturales… Aquí, con sutileza y cinismo, se recrea permanentemente lo esbozado por el sionista hebreo Henry Kissinger en su plan de 1974 de control poblacional.

Dejamos para todos ustedes, la editorial que el general Roberto Bendini escribió en septiembre de 2002 para el Centro de Estudios Estratégicos“Patagonia Austral”, mientras fue jefe de la Brigada Mecanizada XI del Ejército Argentino:
“La Patagonia, que fuera llamada por Darwin “La Tierra maldita”, encierra en sus entrañas numerosas riquezas, las que se vislumbran como los recursos que van a contribuir al sostenimiento de una parte importante de la población mundial.

La aridez de su superficie y la rigurosidad de su clima, parecieran dar la razón al naturalista inglés, pero nuestra Patagonia atesora riquezas que han despertado el interés de muchos, que ven que ella va a jugar un papel protagónico en un futuro no muy lejano.

Podemos decir que la Patagonia Austral tiene todo: inmensas reservas de petróleo y gas, carbón, yacimientos de oro, plata y otros minerales. Sus caudalosos ríos le otorgan la capacidad de generar una formidable cantidad de energía hidroeléctrica y los fuertes vientos, la posibilidad de obtener energía eólica. Sus campos de hielo y sus cuencas hídricas constituyen un reservorio de agua que será apetecida por las futuras generaciones.

El mar, fuente inagotable de riquezas, baña sus costas a lo largo de ochocientos kilómetros (el litoral marítimo más extenso de nuestra patria). La ganadería, la pesca y la factibilidad de un importante desarrollo agropecuario le otorgan la capacidad de producir incontables cantidades de alimentos.

La pureza de su medio ambiente la señala como uno de los lugares con menor nivel de contaminación del planeta. Su vacío y su virginidad han despertado la atención de muchos que se aprestan a disfrutar de los beneficios que pueden obtenerse de sus formidables recursos.

Hoy, la Patagonia argentina es motivo de interés particular más allá de nuestras fronteras. Influyentes publicaciones europeas y estadounidenses hablan acerca de su posible separación y de su cercenamiento territorial, hay compatriotas que “ingenuamente”o, quizá, como avanzadas de ocultos intereses deslizan esa posibilidad.

Parecería ser que los siempre mencionados planes para la ocupación de la Patagonia se están transformando en una posibilidad concreta. Al respecto debemos convenir que ni Dornbusch, ni el New York Times, ni el Financial Times, ni la RAI, etc., etc., hablan por hablar. Debemos preguntarnos. ¿Qué propósito encerraban las encuestas en las que se requirió opinión al respecto…?

Detrás de todos ellos hay importantes intereses económicos y geopolíticos. Están sembrando… ¿Habrá comenzado el lavado de cerebro?... ¿Estaremos frente a los tanteos previos de una campaña psicológica similar a la de “Achicar el Estado es agrandar la Nación”? Recordemos cómo funcionó esa campaña de lavado de cerebro y cómo terminó el Estado Nacional. ¿Entonces, la Patagonia está amenazada…?

Los conflictos que se encuentran en desarrollo y aquellos que se avizoran nos inducen a pensar que la Patagonia se transformará, en un período no muy lejano, en una región en donde diferentes actores procurarán hacer prevalecer sus intereses. Por eso expresamos que la Patagonia Austral es un “Objetivo Estratégico” y que es un deber de los argentinos de volcar todas sus energías para defenderlo.

Esa posibilidad es una alarma que debe hacernos despertar de nuestro letargo e impulsarnos a encarar el estudio de la problemática de la Patagonia Austral y a comprometernos en la defensa de los intereses del Estado argentino en la región. Esta acción se materializa estudiando profundamente su potencial, generando ideas y aunando voluntades para concretar proyectos que conduzcan hacia un desarrollo de la Patagonia en beneficio de sus habitantes y de toda la Argentina.

Hoy, EE.UU. reaviva su enfrentamiento con Irak, como resultado del recrudecimiento del conflicto asistimos a la suba del precio del petróleo crudo. Esto no afectará sólo a los EE.UU., sino a todos los países no productores de petróleo, con una inexplicable excepción: la Argentina, quien a pesar de ser productor, igual va a sufrir un importante incremento en el precio de los combustibles, porque el petróleo argentino es explotado y administrado por empresas extranjeras. Las que pretenden, y lo están logrando, aplicar en nuestro país tarifas internacionales a valor dólar, con el consecuente impacto sobre nuestra esquelética economía. En resumen, más miseria y sufrimiento para los argentinos.


La Cumbre de la Tierra resaltó la importancia del agua y el impacto que produce la falta de este elemento fundamental para la vida del hombre sobre el 73% de los habitantes del planeta. Estos son los temas que le preocupan hoy al mundo.

En la Patagonia disponemos de abundantes reservas de estos recursos, pero si no nos preparamos para defenderlos y asegurar los beneficios que puede generar su explotación para disfrutarlos en bien de los argentinos, en un futuro no muy lejano sufriremos las penurias que aquejan muchos de los países “periféricos”, los que poseedores de grandes riquezas viven sumidos en la más absoluta miseria.

La solución a esta problemática debe ser encarada por los argentinos. Es un imperativo extraer las enseñanzas que nos dejaron épocas recientes. Debemos recordar cómo actuaron todos aquellos que prometieron ayudarnos a construir un país moderno y desarrollado. Estamos pagando muy caro por esa ingenuidad. No existen los “filántropos”. El mundo y la sociedad se mueven por intereses. “El capital no tiene ni corazón ni bandera”.

Durante largos años la Patagonia Austral estuvo ligada a intereses particulares que no coincidían con el interés general de la Nación, posteriormente y del brazo de las empresas que el Estado Nacional instaló en estas solitarias regiones y del asentamiento de guarniciones de las Fuerzas Armadas y de seguridad, se nacionalizó la Patagonia Austral, concretándose, así, la integración de esta aislada y desconocida región al resto de la República Argentina.

La incorporación real de la Patagonia Austral al resto del país se logró gracias al esfuerzo y al sacrificio de una gran cantidad de argentinos. La desnacionalización de la explotación de sus recursos ha desvanecido los sueños de muchos de esos esforzados pobladores, muchas esperanzas se han truncado, muchos proyectos han quedado en el olvido.


Este proceso que se completa con la creciente enajenación de tierras patagónicas puede hacernos desandar el camino construido con tanto esfuerzo y retrotraernos a los comienzos del siglo pasado, con una sola diferencia: que en la Patagonia Austral seguirá flameando la bandera argentina, pero debemos comprometernos para que nuestra enseña patria no sea sólo un símbolo.

Es nuestro deber como mujeres y hombres de esta tierra defender los intereses argentinos en la Patagonia Austral. Para ello es un imperativo estudiar el potencial que atesora nuestra región, conocer las amenazas que la acechan y diseñar y encarar un proyecto, con sentido e identidad nacional, que tenga como objetivo el desarrollo pleno de la Patagonia, y que su implementación contribuya a la grandeza de nuestra querida Argentina y al bienestar de sus habitantes”.

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