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domingo, 11 de marzo de 2012

Desastroso intento de reflexión sobre Nietzsche y las feministas

"De viejecillas y de jovencillas"


¿Por qué te deslizas a escondidas y de manera esquiva en el crepúsculo, Zaratustra? ¿Qué es lo que escondes con tanto cuidado bajo tu manto?
¿Es un tesoro que te han regalado? ¿O un niño que has dado a luz? ¿O es que tú mismo sigues ahora los caminos de los ladrones, tú amigo de los malvados?
¡En verdad, hermano mío!, dijo Zaratustra, es un tesoro que me han regalado: es una pequeña verdad lo que llevo conmigo. Pero es revoltosa como un niño pequeño; y si no le tapo la boca, grita a voz en cuello.
Cuando hoy recorría solo mi camino, a la hora en que el sol se pone, me encontré con una viejecilla, la cual habló así a mi alma:
Muchas cosas nos ha dicho Zaratustra también a nosotras las mujeres, pero nunca nos ha hablado sobre la mujer.
Y yo le repliqué: Sobre la mujer se debe hablar tan sólo a varones.
Háblame también a mí acerca de la mujer, dijo ella; soy bastante vieja para volver a olvidarlo enseguida.
Y yo accedí al ruego de la viejecilla y le hablé así:
Todo en la mujer es un enigma, y todo en la mujer tiene una única solución: se llama embarazo.
El varón es para la mujer un medio: la finalidad es siempre el hijo. ¿Pero qué es la mujer para el varón?
Dos cosas quiere el varón auténtico: peligro y juego. Por ello quiere él a la mujer, que es el más peligroso de los juguetes.
El varón debe ser educado para la guerra, y la mujer, para la recreación del guerrero: todo lo demás es tontería.
Los frutos demasiado dulces al guerrero no le gustan. Por ello le gusta la mujer: amarga es incluso la más dulce de las mujeres.
La mujer entiende a los niños mejor que el varón, pero éste es más niño que aquélla.
En el varón auténtico se esconde un niño: éste quiere jugar. ¡Adelante, mujeres, descubrid el niño en el varón!
Sea un juguete la mujer, puro y delicado, semejante a la piedra preciosa, iluminado por las virtudes de un mundo que todavía no existe.
¡Resplandezca en vuestro amor el rayo de una estrella! Diga vuestra voluntad: ¡Ojalá diese yo a luz el superhombre!
¡Haya valentía en vuestro amor! ¡Con vuestro amor debéis lanzaros contra aquel que os infunde miedo!
¡Que vuestro honor esté en vuestro amor! Por lo demás, poco entiende de honor la mujer. Pero sea vuestro honor amar siempre más de lo que sois amadas y no ser nunca las segundas.
Tema el varón a la mujer cuando ésta ama: entonces realiza ella todos los sacrificios, y todo lo demás lo considera carente de valor.
Tema el varón a la mujer cuando ésta odia: pues en el fondo del alma el varón es tan sólo malvado, pero la mujer es allí mala.
¿A quién odia más la mujer? Así le dijo el hierro al imán: A ti es a lo que más odio, porque atraes, pero no eres bastante fuerte para retener.
La felicidad del varón se llama: yo quiero. La felicidad de la mujer se llama: él quiere.
¡Mira, justo ahora se ha vuelto perfecto el mundo!, así piensa toda mujer cuando
obedece desde la plenitud del amor.
Y la mujer tiene que obedecer y tiene que encontrar una profundidad para su superficie.
Superficie es el ánimo de la mujer, una móvil piel tempestuosa sobre aguas poco profundas.
Pero el ánimo del varón es profundo, su corriente ruge en cavernas subterráneas: la mujer presiente su fuerza, mas no la comprende.
Entonces me replicó la viejecilla: Muchas gentilezas acaba de decir Zaratustra, y sobre
todo para quienes son bastante jóvenes para ellas.
¡Es extraño, Zaratustra conoce poco a las mujeres, y, sin embargo, tiene razón sobre
ellas! ¿Ocurre esto acaso porque para la mujer nada es imposible?
¡Y ahora toma, en agradecimiento, una pequeña verdad! ¡Yo soy bastante vieja para ella!
Envuélvela bien y tápale la boca: de lo contrario grita a voz en cuello esta pequeña verdad.
¡Dame, mujer, tu pequeña verdad!, dije yo. Y así habló la viejecilla:
¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!
Así habló Zaratustra.

("Así habló Zaratustra", Friedrich Nietzsche)


Todavía recuerdo algunos momentos vividos durante el último año de instituto en las clases de una profesora de Filosofía muy marxista. Y no los tengo en mente porque discutiera con ella (es más, recuerdo la ironía que tuvimos antes del último examen de aquel curso, que terminaría aprobando, cuando me preguntó si había disfrutado leyendo "El príncipe" de Maquiavelo y el "Mi lucha" de Hitler y le respondí afirmativamente)... Aquel año las discusiones serias las tuve con el individuo sectario que impartía Historia de España (del que me pregunto si seguirá atormentando a otros chavales con unas lecciones que cumplen escrupulosamente el contenido de la "Ley de Memoria Histórica"). El caso es que sigo teniendo muy vivo el recuerdo de cuando la mujer, que además de marxista era (y supongo que seguirá siendo) feminista y anticatólica, nos habló de Nietzsche. Al alemán le ensalzó por su crítica al cristianismo y justificó su postura con las mujeres diciendo que "las únicas que había conocido bien en su vida, aparte de la amante que le dejó por un amigo suyo, eran su madre y su hermana que eran tan malas que la segunda terminó casándose con un futuro miembro del entorno de Hitler y manipulando el pensamiento de su hermano en beneficio del nacionalsocialismo".

Seguramente si se cogieran algunas citas de Nietzsche de forma suelta sin dar a conocer a su autor habría más de uno (o una) que se pensaría que las mismas podrían encontrarse en algún manual ideológico de formación para miembros del extinto Movimiento Nacional del régimen de Francisco Franco. Y nada más lejos de la realidad. Nietzsche podrá ser criticado y gustar en mayor o menor medida, pero dudo mucho que su pensamiento pudiera llegar a encajar, ni siquiera muy a la fuerza, dentro de los cánones doctrinales de la España de 1939-1975. En estos casos, la estúpida postura de encuadrar los planteamientos en "fascismo" o "izquierda democrática" no sirve de nada (aunque en realidad esa actitud es totalmente errónea en todos los casos en los que pretenda aplicarse).

Antes de profundizar en el asunto, quiero dejar bien claro que no he leído ningún libro entero del filósofo alemán ni conozco en profundidad su obra. Por lo tanto, es más que probable que vaya a juzgar un pensamiento tan destacado de la filosofía europea del siglo XIX desde la más completa ignorancia.
Entonces, ¿qué es lo que me lleva a juzgar y sacar conclusiones del capítulo de un libro que no he leído entero? He de reconocer que me he sentido bastante identificado con la visión que Nietzsche tiene de la mujer. Yo también considero a la fémina como un ser pasional, irracional y hasta peligroso en ciertas circunstancias, con quien se ha de tener mucho cuidado a la hora de tratar.
Históricamente han abundando mucho en la literatura las historias de amor en las que el hombre acababa destrozado, muerto o en la ruina como consecuencia de haberse fijado en una mujer que no le convenía. A todo eso hay que añadir la explicación que el libro del Génesis atribuye para la aparición de la mujer, que le cuesta al hombre primero una costilla y después la estancia en el Paraíso.
Como podemos ver, la mujer siempre ha sido considerada como uno de los factores clave para arruinar, por los motivos que fueran, la vida del hombre... cosas de esa innata tendencia que todo varón posee para perpetuar su estirpe por los siglos de los siglos.

No, no soy un misogino ni pretendo encerrar a las mujeres tras cuatro paredes después de atarles con un grillete a un fogón y con unas esposas a una fregona. Es más, me encanta ver pasear a las mujeres y admirar sus esbeltas siluetas. Incluso, por muy desesperado que pueda sonar, he llegado a sentarme en algún sitio únicamente por darme el capricho de ver pasar a las mozuelas de turno (¡y a veces hasta valió la pena!).
Así que, por el amor de Dios, ¿cómo pueden existir individuos que osen acusarme de odiar o defenestrar a las féminas? ¡Si me encantan!
Pero no concibo a la mujer únicamente como un par de pechos y dos nalgas (que es precisamente la mentalidad de todos los progresistas y liberales juntos). Siempre suelo tratar de ver todo lo positivo que pueda encontrarse en una mujer más allá de lo físico. No obstante, las feministas han terminado por convertir eso en una misión casi imposible. Si antes del feminismo la mujer podía llegar a suponer un peligro para el hombre, la cosa no ha cambiado precisamente para bien tras la implantación de la "ideología de género" en las sociedades occidentales: ahora los hombres somos manipulados mediante el sexo esporádico, libre y sin compromiso, sometidos a la voluntad de las feministas radicales sin escrúpulos una vez nos hacen esclavos de nuestros instintos y castrados psicológicamente para asumir, tolerar y no poner en duda los cimientos del nuevo modelo de sociedad que ha convertido a la mujer en un objeto sexual y en la tonta útil de quienes gobiernan el mundo entre bambalinas.

La verdad es que esto que he expresado esta relacionado con Nietzsche de forma muy indirecta. No obstante, si me gustaría hacer hincapié en que, si nos ceñimos al ámbito de lo "políticamente correcto", hoy el filósofo alemán y la Iglesia Católica cumplirían sobradamente con los motivos necesarios para ver como sus posturas son consideradas ilegales. Quién lo diría, ¿eh?...

Estoy harto de la manipulación histórica y social a favor del feminismo... y de las mujeres objeto que se creen muy "modernas"... y de la común criminalización que sufrimos los hombres en la sociedad española... y, por último, también estoy enfadado porque estas líneas no hayan salido como me esperaba. ¡Malditas feministas!

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