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sábado, 10 de marzo de 2012

El efecto Clemente desborda a Míchel.

La ausencia de delanteros dificultaba la empresa de puntuar en El Molinón. Pero la baja más notable en el Sevilla la escudriñaban pocos antes del comienzo. Premio para los que se tiraban de los pelos ante la baja de Medel. La baja del perro de presa chileno, además de suponer un quebradero de cabeza para Míchel (lo intentó solucionar con Fazio), infectó a la sala de máquinas hispalense. A este vital contratiempo a hay que añadir la carencia de delanteros (el único disponible era Babá y se quedó en el banquillo) y en extensión a la falta de puntería de un equipo sobrepasado en la primer mitad por la intensidad del Sporting.

Lo que pierde el Sevilla son opciones de jugar el año que viene en Europa. Lo que gana el Sporting de Gijón son posibilidades reales de seguir haciéndolo en Primera. Porque la temperatura del infierno del descenso baja tras el triunfo ante el equipo andaluz. Los de Clemente duermen con 24 puntos, a tres de la salvación. Todo gracias al empuje de un equipo bien posicionado cuando el Sevilla conducía y descarado a la hora de atacar. Se pudo comprobar en el gol de André Castro, que se plantó en el área con una simple, pero certera, diagonal de Colunga.

El duelo ya tenía su morbo de antemano. No sobre el terreno de juego, sino desde los banquillos. Clemente y Míchel han tenido una relación amarga desde el siglo anterior, cuando el rubio de Barakaldo prescindió del exmadridista para el Mundial de 1994 en Estados Unidos. Pero como toda riña, el tiempo lo enfría todo. Y más si cada uno tiene suficiente con dedicarse a lo suyo. Porque ambos viven semanas cruciales para el devenir de sus equipos. Más feo lo tiene desde hoy Míchel, que va a tener que remar río arriba para llegar a Europa. Mucho mejor no lo tiene Clemente, pero necesita menos puntos para cumplir su objetivo.

El encuentro no sorprendió a nadie. Como era de esperar, el Sevilla tomó la posesión del cuero, cosa que no agobió para nada a un Sporting de Gijón aguerrido y ordenado en las labores de presión. Fueron unos primeros minutos de hermetismo, sin que el Sevilla supiera resquebrajar el orden asturiano. Se buscó a Jesús Navas para fisurar la última línea asturiana pero Canella dejó claro desde el principio que su cometido era pegarse al palaciego como si de un pájaro garrapatero se tratase.

Secado Jessús Navas, el trabajo del Sporting se hizo más asequible. El Sevilla se rompía la cabeza para llegar hasta la línea de ataque y el Sporting de Gijón se las sacaba de la chistera. Más bien se las sacaba de la chistera de Cala. El joven defensor sevillista falló en dos entregas que pudieron buscar la ruina a su equipo. Por suerte para los hispalenses, Palop se agigantó para empequeñecer la portería a sus rivales. El equipo gijonés crecía por momentos a la vez que el protagonismo del Sevilla menguaba.

El empuje de los asturianos tuvo su merecido premio a la media hora de juego gracias al gol de André Castro. En la jugada se vieron las virtudes del Sporting y los pecados del Sevilla. Sólo un pase, una diagonal de Colunga desde la línea de tres cuartos, desnudó todas las carencias de la pareja de centrales del Sevilla. André Castro entró sin preguntar hasta la cocina y, sin hueco aparente, cruzó el balón ante la mirada de Palop.

Si el Sporting de Gijón se agarró, y con resultados fiables, a la intensidad de sus futbolistas para sorprender a su rival, el Sevilla no abandonó sus creencias en la calidad. Al golpe asestado por el centrocampista portugués se le hizo frente con la clase de los de arriba, pero se achacó la eficacia de Kanoute y Negredo. Y quizás estas bajas no fueran las que hacían tirarse de los pelos a los andaluces. La de Medel, además de complicar la tarde a Fazio, oxidó a su compañero Rakitic, franqueado en todo momento por André Castro.

El paso por los vestuarios mejoró la cara del Sevilla. Las imprecisiones de Cala en la primera mitad le costó la sustitución. Fazio retrasó su posición y Campaña se asoció en el medio con Rakitic. Sólo faltaba el envite final con un delantero puro. Y lo lanzó a los veinte minutos de la segunda parte con la baza de Babá aunque el damnificado fue José Antonio Reyes. Por entonces, el Sevilla dominaba y ya pisaba más el área del Sporting.

El despliegue físico de los futbolistas sportinguistas supuso un repliegue ordenado de las tropas a campo propio. El Sevilla contraatacó avanzando las suyas pero le faltó la contundencia necesaria para equilibrar un partido trascendental para el futuro de ambos. El Sporting desempolva su licencia para seguir en Primera y el Sevilla no encuentra la suya para hacerlo en Europa.



Fuente: AS (www.as.com)

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