¿Qué ha sido del mundo en el que me crié?. - La Nación Digital

topads

Ads Here
LightBlog

lunes, 4 de abril de 2011

¿Qué ha sido del mundo en el que me crié?.

“¿Qué ha sido del mundo en el que me crié?”. Esa es la pregunta que me hago cuando recuerdo las noticias de hace un año en las que se acusaba a los cuentos tradicionales de “sexistas” y de “imponer” roles sociales. Parece ser que a Bibiana Aido le parecía algo retrógrado que las niñas pequeñas soñaran con un príncipe azul (supongo que a las feministas de su clase les gustará más un miliciano con un pañuelo rojo al cuello como los del 36 o un cubano de raza negra y de dos metros de altura).
Tengo pocos recuerdos de mi etapa de preescolar, entre ellos los cuentos infantiles. ¿Qué niño español con una vida mínimamente normal no conoce los cuentos de “Caperucita Roja”, “Blancanieves y los siete enanitos” o “El flautista de Hamelín?.
Y no me refiero a ver todas las películas de la Disney, no. Hablo de cuando la maestra nos sentaba en corro a su alrededor y nos contaba los cuentos para entretenernos a los críos que en aquel momento ignorábamos cual era la situación del mundo que nos rodeaba y del futuro que nos esperaba (sería algo muy interesante el empezar a recordar uno por uno a todos mis compañeros de preescolar y del colegio y ver a que se dedican o donde están ahora).
¿A qué viene esta reflexión, un año después de que la chorrada de Bibiana Aido fuera publicada en toda la prensa española?.
La verdad es que ni me acordaba de la existencia de este asunto. Pero ver un nuevo anuncio de un próximo estreno de cine, en el que se pretende mostrar una nueva versión de un clásico infantil de toda la vida, me ha hecho de recordarlo nuevamente.
Sin embargo, son los judíos de Hollywood quienes pretenden cambiar un clásico, no los titiriteros españoles.


“Caperucita Roja” es el nuevo clásico versionado, y la verdad es que me alegro de que no hayan sido los actores socialistas españoles los encargados de llevar a cabo el proyecto. Seguramente, habrían aprovechado el título para convertir a “Caperucita Roja” en una miliciana que combatiera por la República del Frente Popular en la trinchera, demostrando siempre una actitud democrática ejemplar y que finalmente acabara siendo violada o asesinada por un grupo de nacionales.
¿Acaso puede alguien negar que ese no sea un guión estándar del cine español actual?. No hay más que ver películas como “Las trece rosas” o “Los girasoles ciegos” (aviso de que hay que tener estómago para ello) para darse cuenta de que son películas sectarias y comerciales dirigidas a un público que se las da de intelectual pero que son una panda de borregos que se tragan todas las mentiras relacionadas con la Historia de España.

Los judíos de Hollywood, más listos que los de la ceja, han optado por cambiar el clásico de manera que se convierta en una versión “para adultos” (pero en una versión para adultos más de sala de cine, porque me jugaría el cuello y no lo perdería a que en el mundo de la pornografía ya existe alguna versión de este clásico infantil).
El caso es que el cuento cambia bastante. “Caperucita Roja” deja de ser una niña que es enviada por su madre a casa de su abuela enferma para convertirse en una rubia muy atractiva (de esas que, por supuesto, no faltan en ninguna producción cinematográfica americana debido a lo mucho que alegran la vista a los espectadores que se sientan en la butaca para ver “carnaza” en todos los sentidos).
Y el lobo ya no es un animal hambriento y solitario que vive en un bosque y que desea comerse a la niña con la que se ha encontrado en un camino por casualidad, sino que ahora es un licántropo, un hombre lobo de esos que últimamente se han puesto tan de moda en el cine americano.
La única similitud que veo entre la nueva producción cinematográfica y el clásico infantil de toda la vida es que el lobo se sigue comiendo a “Caperucita Roja” (con la diferencia de que ahora se la “come” de otra manera, ya que el susodicho licántropo y la atractiva moza rubia mantienen una relación que quizá podríamos calificar de “bestial”).

Por otro lado, viendo el argumento, diría que podemos darnos con un canto en los dientes por el hecho de que solo se hayan limitado a cambiar a una niña por una atractiva moza y a un lobo por un licántropo…
Tiremos de imaginación a partir del sentido común y de lo que vemos a diario. No hace falta ser muy listo para saber que el Sistema introduce pensamientos en nuestra mente a través del cine y de la televisión. Y está muy claro que el cine trata de mostrarnos a qué tipo de físico tenemos que aspirar.
Personalmente, me resulta muy indignante ver por televisión anuncios como los de “Corporación Dermoestética”, donde sacan a una joven diciendo que “siempre se había sentido acomplejada con su cuerpo, pero que gracias a las operaciones, se sintió mucho mejor”.
En una sociedad donde lo que más importa es la apariencia, en la que las muchachas jóvenes llegan a hacer de todo por estar atractivas y acaban obsesionándose con el peso, ese tipo de anuncios son una bomba que incita a esas conductas enfermizas. Todo ser humano debe de aceptar su físico, tal y como es.
Obviamente, no voy a echar la culpa de los problemas de la anorexia juvenil a una película (series como “Física o Química” han hecho mucho más daño). Pero lo que no se puede hacer es negar la responsabilidad de todas las películas, series de televisión y campañas publicitarias en los trastornos alimenticios que sufren muchas jóvenes en las sociedades occidentales.

La sociedad del consumo no se ha limitado a hacernos la vida más cómoda. Se ha entrometido en nuestros pensamientos, diciéndonos como debemos actuar, lo que está bien visto que pensemos y como lo tenemos que hacer. Eso sí, dando la sensación de que todas esas acciones que cometemos en nuestra vida las llevamos a cabo por voluntad propia como los seres autónomos que muchos se piensan que somos. Hay mucho “intelectual” que aún no se ha dado cuenta de que actitudes como el pasotismo ante los problemas de la sociedad y la promiscuidad sexual no son sinónimos de tener un “espíritu libre”, sino que son valores impuestos por el Sistema desde arriba.
¡Qué mal que han hecho a nuestra civilización las excusas de ser libres y sentirnos bien!.
¿Por qué nadie se atreve a proclamar la muerte de este libertinaje, tal y como osó Nietzsche a hacer con Dios?.

Sin darme cuenta, he acabado alejándome demasiado del tema original. Terminaré diciendo a todos aquellos que vayan al cine a ver “Caperucita Roja” para disfrutar de la bella rubia que se cuestionen si de verdad les ha valido la pena gastarse el dinero de la entrada por saciar su instinto mirón.
Y es que otros seremos más prácticos, ya que si queremos echar un vistazo a la moza, lo haremos en casa a través de internet, con un refresco o un bocata en la mano, sin personas cuchicheando al lado y seguramente mucho más cómodos que en un cine (y eso sin olvidar que estaremos perjudicando a los oligarcas de Hollywood).

No hay comentarios:

© 2011 La Nación Digital /La Nación Digital y la administración se reservan los derechos de opinión y no tienen por que coincidir ni se responsabilizan de las opiniones vertidas por los colaboradores y/o visitantes en el interior de la web. A su vez se reservan los derechos para colaborar con las autoridades en caso de infracción de cualquier artículo del código penal.

Estadísticas lnd