Frecuentemente tratan de vendernos a los actuales movimientos migratorios, consecuencia del capitalismo necesitado de mano de obra barata y del “Estado del Bienestar”, como algo maravilloso y fantástico para todos. En opinión de los marxistas culturales, los inmigrantes nos pagan las pensiones a los españoles y copan los empleos que no necesitamos. Sin embargo, la realidad en los diferentes puntos de España es muy diferente a cómo nos quieren hacer creer.
Mallorca:
El Ejido, Almería:
Roquetas de Mar, Almería:
Barcelona:
Madrid:
Fuenlabrada, Madrid:
Griñón, Madrid:
Salt, Girona:
Bilbao:
Lleida:
Algeciras, Cádiz:
“¿Por qué un español robe ya todos son ladrones? ¡Pues entonces deja de acusar a los inmigrantes de ser unos delincuentes, porque también hay españoles que roban!”. Este es el argumento “progre” por excelencia a la hora de mirar hacia otro lado y no condenar estos sucesos. Suelen decir que sólo son “cuatro”, pero nunca se molestarán en hacer nada contra esos “cuatro”.
Efectivamente, muchos españoles roban. Y para algo existe (al menos, en teoría) el sistema penal. Sin embargo, si los españoles disponemos de cárceles para encerrar a los elementos peligrosos para el orden social establecido en nuestro país, ¿por qué no se repatría a los inmigrantes delincuentes y que sean sus compatriotas quienes se encarguen de aplicar las correspondientes medidas penales a sus paisanos?
De todos modos, es imposible negar que el aumento de la delincuencia y de la inmigración son fenómenos que van de la mano y sin separarse (lo que no significa que todos los extranjeros que vienen a España sean delincuentes), por mucho que a los progresistas y liberales acomplejados les desagrade tal afirmación (ellos, más bien, buscan obtener su apoyo electoral, de ahí la insistencia de PSOE y PP porque la población inmigrante tuviera la opción de participar en los comicios electorales).
Estos acontecimientos suceden cuando se deja entrar en el seno de una comunidad humana a elementos extraños e incompatibles cultural y biológicamente. Si los “progres” que abanderan el marxismo cultural quieren seguir viviendo en su mundo de fantasía que lo hagan, pero los demás no vamos a cerrar los ojos ante uno de los problemas más graves que sufre España.
Me da igual que los españoles en su momento fuéramos inmigrantes (que, por cierto, solíamos ir al extranjero ya con contrato y éramos deportados inmediatamente si delinquíamos de alguna manera; además de que la población española fue a países hispanos como Argentina o europeos como Alemania y Francia, donde el rasgo de compatibilidad era mucho mayor que el de la mayoría de extranjeros que llegan hoy a nuestro país), que todos seamos personas (hecho que no he negado nunca) o que esa gente tenga el derecho moral de saltarse la ley para mantener a su familia (también los españoles tenemos un derecho moral de defender lo que nos corresponde al pertenecernos legítimamente, por algo fueron nuestros antepasados quienes trabajaron antes que nosotros para vivir dignamente en nuestra tierra).
Como hemos podido ver, los marxistas culturales tratan de quitar responsabilidad a los inmigrantes de los conflictos que provocan y se los achacan a una población española “racista” e “intolerante” que no los acepta y que los culpa de la crisis económica.
Está claro que los españoles somos responsables en parte de lo sucedido. Nos olvidamos, en su momento, de que han sido los trabajadores nacionales los encargados de sacar adelante este país a base de trabajo y nos creímos el mito del “inmigrante honrado que viene a pagar la pensión de nuestro abuelo y a cumplir con una labor que los españoles no queremos hacer”. Y ahora, con la crisis, muchos se han quejado de la presencia de extranjeros en España porque esos empleos desechados antes ahora si son demandados. Por una parte, esto puede venir bien a los españoles para que aprendan a valorar sus empleos y para que comprendan que la convivencia entre personas de diferentes culturas es imposible por razones obvias: somos diferentes (algo que muchos consideran como algo muy malo el decirlo, pero que es lo más natural) y no podemos convivir juntos (lo cual no tiene nada de malo, sino que es algo natural).
Como es lógico, los extranjeros tienden a reunirse en torno a su gente, igual que haríamos los españoles en otro país. ¿O es que acaso un español, si está de viaje o trabajando fuera de España, no va a preferir relacionarse con compatriotas suyos, por la comodidad del idioma y la confianza inspirada instintivamente, antes que con personas de otras razas y nacionalidades a la que no puede entender o con las que no se sentirá relacionado? (no obstante, esto puede variar en el caso del marxista cultural de nivel fanático, que correrá a tener trato con el individuo que no pertenece a su comunidad únicamente para demostrar lo “tolerante”, “moderno” y “progre” que es).
A día de hoy, los españoles de a pie estamos vendidos por la clase política (llámese PSOE, PP, Izquierda Unida o separatistas) y el poco voto que verdaderamente quiere hacer frente a este grave problema se haya muy disgregado y con escasas opciones de tener la posibilidad de participar en los próximos comicios gracias a la nueva ley electoral.
No necesitamos una Plataforma per Catalunya, que únicamente hace frente a la inmigración islámica pero que luego tiene a miembros (algunos cargos públicos) conviviendo con parejas sudamericanas o negras. Lo que el pueblo español necesita es una alternativa nacional, revolucionaria y que verdaderamente apueste por la prioridad de los trabajadores españoles frente a los extranjeros de cualquier nacionalidad.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Los "beneficiosos" aportes de la multiculturalidad a España.
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