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domingo, 11 de diciembre de 2011

Los embriones de las fecundaciones in vitro acaban destruidos.

En España se calcula que hay alrededor de 500.000 embriones congelados. Son los sobrantes –que no fueron implantados– de los tratamientos de fecundación in vitro. Una cifra que se ha duplicado en los últimos años y que no se detiene. Las clínicas especializadas en estos procesos pueden llegar a fecundar hasta 12 óvulos cuando una mujer se somete a uno de estos tratamientos para quedarse embarazada. Sin embargo, la Ley de Reproducción Asistida sólo permite implantar un máximo de tres embriones en el útero de la paciente. ¿Qué se hace con el resto?

En principio, congelarlos. Los embriones permanecen crio-preservados en nitrógeno líquido, en una especie de limbo legal hasta que se decide qué hacer con ellos.

“Es la pareja quien decide. Tiene cuatro opciones: guardarlos para ellos para futuros tratamientos, darlos en adopción a otras parejas, cederlos a la ciencia o, directamente, destruirlos”, informa Pedro Caballero, director del comité de ética de la Fundación Tambre.

Las clínicas están obligadas por ley a preguntar a las parejas qué hacer con los embriones sobrantes cada dos años. Estos centros privados les cobran entre 300 y 400 euros al año por su mantenimiento en las cámaras frigoríficas. Este es uno de los principales motivos por el que el 40% de las parejas se desentiende de ellos

Si en un plazo de cuatro años las clínicas no obtienen respuesta por parte de sus clientes, los embriones pasan a ser responsabilidad suya. Y aquí llegan las dificultades para obtener información. “Si son útiles para la adopción, se prioriza esta opción. Lo normal es que se sigan conservando, aunque es cierto que hay clínicas que dejan de mantenerlos”, admite Caballero. En España no existe un registro del número de embriones que termina en la basura o en mano de los investigadores. La ley sólo especifica que los centros no pueden deshacerse de ellos hasta que la mujer haya superado su edad reproductiva. Después, vía libre. Aunque los centros consultados aseguran que su política es mantenerlos congelados por un tiempo “que puede ser ilimitado”, el mantenimiento de estos cigotos es muy costoso (unos 1.200 euros al año). Además, el elevado número de embriones congelados empieza a ser un problema para las clínicas. La propia Sociedad Española de Fertilidad ya ha advertido de que dentro de poco habrá “saturación”.

Las organizaciones pro-vida llevan años alertando de este conflicto. “Se trata de un problema de enorme envergadura. Lo idóneo es fecundar sólo los embriones exactos que se van a implantar”, apunta el presidente de la Fundación Vida, Manuel Cruz. Otros países ya han legislado al respecto. Joan Vidal, de la Asociación Catalana de Estudios Bioéticos, advierte de que “cualquier alternativa debería ir unida a una decisión heroica: dejar de producirlos”. “No podemos olvidar que un embrión es un ser humano vivo”, concluye.



Fuente: La Gaceta (www.intereconomia.com)

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