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miércoles, 1 de febrero de 2012

Ni Llorente tumba al Mirandés.

El Athletic ganó y no canta victoria. Quiso espantar a la emoción en media hora para oler otra final de Copa pero un tanto de Lambarri en el descuento le obliga a ser prudente. Acaricia el objetivo, al que llegaría con más opciones que nunca. Por su planteamiento en tierra hostil (deportivamente hablando pare él), gracias a su mentalidad y debido a un despliegue físico descomunal en un campo incómodo. Pero el Mirandés no se cansa de dar guerra. Ya avisó mil veces así que no es traidor.

El equipo de Bielsa se presentó en Anduva como si lo hiciera en Old Trafford. Más que un martes de Copa pareció escribir otro capítulo de Champion. Su alineación lo decía todo. Por no decir de su manera de festejar los goles. Nunca se midió a su adversario recordándole al mundo a los peldaños que les separan. Y ahí, en la modestia, se originó el éxito de su plan incicial y la ventaja en esta semifinal. La segunda parte se le empinó, pero sobrevivió a la ambición más grande jamás vista en un modesto. El Athletic defendió a Infante con el mismo respeto como quien lo hace contra un Balón de Oro, cerró espacios como aquel plantel que teme las embestidas de un líder y encaró la portería de Nauzet con la mordiente asesina que sólo es capaz de emanar de los estados máximos de concentración. Desde Javi Martínez a Llorente, cada uno de los jugadores del Athletic dieron toda la entrega que les cabe. Y su actitud le premió con un resultado justamente nivelado a deshoras. Su rival, el heroico Mirandés, cayó por los pelos pero su gloria ya estaba intacta antes de este duelo y lo estará después de San Mamés.

La calidad, decisiva

Bielsa demostró haber estudiado a su rival como siempre hizo con el resto. Su dominio le permitió a su equipo mandar con frecuencia, facilitando que la calidad desequilibrara ante la misma aportación de casta. Así, el Athletic aprovechó dos arrancadas repletas de inteligencia para hacer dos goles que enfriaron a un oponente ejemplar con ganas de no despertarse. El Mirandés, cual jabalí, quiso comerse al león. Puso fe. Sin embargo le faltó no fracturarse con tan frecuencia. Sus ganas de agradar al mundo le descolocaron y le partieron en dos. Intentó marcar antes que aguantar la renta. Ya vestido de héroe, pareció olvidar por momentos el traje de obrero. Y lo pagó durante 45 minutos. En una masiva subida en busca de Iraizoz, desprotegió la medular, habilitó los carriles y catapultó a De Marcos. Un pase al hueco en su búsqueda fue suficiente para que su galopada rompiera al Mirandés. La carrera del extremo hasta la línea de fondo fue de otro tiempo. Su centro, en busca de la cabeza de Llorente, de escuela. El delantero, como siempre en esa suerte, no perdonó el regalo.

Miranda entera enmudeció, hasta que Pouso recordó al personal que las fiestas se disfrutan. Sobre todo por si no vuelven nunca más. Infante y, sobre todo Muneta, no querían despertar del sueño, así que empujaron lo indecible para no ir a San Mamés de visita. Pero volvieron a llevarse un palo. Diez minutos después del primer mazazo, llegó el segundo. También de Llorente. En el 27'. El riojano recogió un balón esquinado en el área. Pudo hacer falta en la recepción y acomodo del pase, pero nadie pitó. Fernando siguió a lo suyo. Se vio tan en la posición de Messi, que le emuló. Y el experimento le salió de maravilla. Fue recorriendo en paralelo la línea del área con amagos hasta que encontró el hueco donde enviar su disparo. Y acertó de pleno. Su celebración tuvo un doble mensaje. Una mezcla de respiro: 'menos mal que el Mirandés no nos sonrojará también a nosotros'. Y otra de reivindicación: 'Ya estoy aquí de nuevo amigos'.

El Mirandés, ejemplar

Con la eliminatoria claramente desnivelada, la lucha en el resto de minutos tuvo dos razones. El Mirandés buscó con ahínco el gol que diera vida a la vuelta y el Athletic el de la sentencia, sabedor de que la afluencia a la Catedral el próximo martes no dependerá de la emoción futura sino de la alegría actual. Mújica lanzó un disparo desde la frontal que silbó el larguero y otro cabezazo envenenado. La mejor ocasión local la tuvo Caneda, el héroe ante el Espanyol, pero al Mirandés le faltaba suerte. Hasta que Lambarri, de nuevo en el descuento, dio continuidad a este cuento de hadas. Ahora Bielsa, el Athletic y España entera saben, han asimilado, que el Mirandés se plantará en Bilbao con dos intenciones: Seguir dignificando esta Copa. Seguir haciendo de la modestia una virtud.


Fuente: AS (www.as.com)

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